Corrígeme si me equivoco

Optimismo. Incluso más que en Portugal.

Los españoles nos encontramos entre los más optimistas del mundo. Este es uno de los resultados que arroja una reciente encuesta de la universidad de Kansas y la empresa de demoscopia con nombre de cubito de caldo de pollo: Gallup. Demoscopia es, según la Real Academia, "el estudio de las opiniones, aficiones y comportamiento humanos mediante sondeos de opinión". O sea, hacer encuestas, esas conversaciones que, cuando se mantienen por teléfono comienzan con un "¿tiene un minuto?" y cuando son callejeras con un "perdone, perdone". Hago la aclaración etimológica del término porque la primera vez que alguien se me acercó anunciándome que venía a hacerme una consulta demoscópica huí a toda velocidad cubriéndome los genitales.

Me ha llamado poderosamente la atención un detalle común a casi todas las menciones que he contrastado de esta noticia en la prensa, tanto escrita como online. La mayoría de periodistas hacen hincapié en el hecho de que en Portugal el nivel de optimismo es sensiblemente más bajo que en España. Múltiples variaciones de la siguiente frase: "Llama la atención el contraste entre el alto optimismo de los españoles y el bajo de nuestros vecinos, los portugueses". A mí no me parece tan raro viniendo de una cultura que ha hecho de la "saudade", esa melancólica añoranza de la alegría ausente, la piedra angular de su cultura y cuya música tradicional es el fado. Sinceramente, me hubiera sorprendido lo contrario.

En general, según esta encuesta, la población mundial tiende a ver la botella medio llena. Dice el responsable del estudio, Matthew Gallagher, que "dichos resultados constituyen una demostración de que el optimismo es un fenómeno universal". Me alegra mucho que el ser humano sea mayoritariamente optimista. Sin embargo, me intranquiliza pensar que la creencia en un futuro mejor se pueda convertir en pasaporte hacia el descuido y la despreocupación. Mi apuesta es por el optimismo activo, en el que la esperanza de que las cosas vayan a mejor se fundamente en hechos derivados del trabajo constante continuo y consciente en esa dirección. Desde aquí reto a Portugal a una lucha demoscópica por alcanzar esa primera posición peninsular. Y a Gallup pongo por testigo.