Posibilidad de un nido

Pozonegro

Vista de los cuatro miembros de La Manada, Alfonso Jesús Cabezuelo, José Ángel Prenda, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero durante el juicio por el abuso a una joven, en Pozoblanco (Córdoba). E.P./Pool
Vista de los cuatro miembros de La Manada, Alfonso Jesús Cabezuelo, José Ángel Prenda, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero durante el juicio por el abuso a una joven, en Pozoblanco (Córdoba). E.P./Pool

Somos cuerpo. Escribo con el dolor más ácido, pero sobre todo escribo desde una rabia que me empuja al grito. Mi cuerpo siente rabia.

El 1 de mayo de 2016, un grupo de hombres llevó a una joven a Pozoblanco (Córdoba) en coche desde las fiestas de Torrecampo. Estaba inconsciente. Ya dentro del vehículo, uno agarró su cuerpo y le chupó la boca, la lengua, los labios. Otro le sobaba los pechos por fuera de la ropa y también metiéndole la mano hasta tocar sus pechos, los pezones, la piel. Somos labios, somos lengua, pezón, piel. Mientras tanto, un tercer delincuente grababa toda la escena en vídeo, porque quienes estaban violando a la chica además lo hacían actuando para que quedara grabado, para dejar constancia.

Con eso, convertían aquel acto en una violación sin final, una violación que empezó el 1 de mayo de 2016 y se sigue perpetrando hoy, y ya no parará jamás de perpetrarse. Su insoportable agresión sexual pudre todo lo que la chica era y es, pero además lanza su podredumbre hacia el futuro. Manda al futuro el dolor que le infligen y convierte su cuerpo violentado en herencia. Ahí está, en redes, teléfonos, ordenadores, la grabación para que ella no deje jamás de ser violada.

Somos cuerpo. Después de una agresión sexual, tienes que recomponerte sobre la realidad de un cuerpo en el que permanece la zarpa criminal y quién puede decir hasta cuándo tu pezón seguirá siendo el pezón aquel, hasta cuándo tus labios serán los labios de aquel día. En este caso, la grabación del vídeo y su difusión convierten todo lo sucedido en una espiran diabólica que se muerde la cola y que reproduce la agresión de modo que no pueda dejar de suceder.

Cabe la posibilidad de que la muchacha, la mujer, recomponga su memoria, su ser, su cuerpo, pero seguirán existiendo otra piel, otra memoria, otro cuerpo paralelos, también suyos, que sufrirán una violación constante, permanente. Para siempre. Seguirá siendo violada toda su vida, y la vida de sus hijos o hijas, si decide tenerlos, y la de sus nietos y nietas, toda la vida de todas las gentes de sus alrededores, las que conoce, las que conocerá, aquellas que sin que ella haya conocido sí saben y sabrán de la herida en su cuerpo. Podrán verlo, y cada vez que alguien reproduzca la grabación, esa mujer volverá a ser violada. Porque la dentellada en su cuerpo no solo permanece ahí, sino que se produce incansablemente en unas imágenes indestructibles.

Somos cuerpo. Su cuerpo es ahora y para siempre campo de bestialidad arado una y otra vez con cuchilla de macho, cada día, cada hora, cada minuto a partir de aquel 1 de mayo de 2016, sembrado de un dolor que ya no acaba.

Somos cuerpo. Esa agresión ha modificado a la mujer violada en Pozoblanco, lo que ella es y también aquello que representa. Pero va más allá. Al grabarla y difundir la brutal invasión de su ser íntimo, el cuerpo, la profanación de su carne, han modificado radical y definitivamente todo lo que será y toda su representación de sí misma. Su cuerpo, pues, la idea de su cuerpo, y por lo tanto de sí misma completa, quedan a disposición de quien decida volver penetrarlo. No entonces, no hoy, por siempre. Jamás podrá ser dueña de nuevo de su cuerpo, ni aun si recompusiera su fortaleza. Jamás volverá a ser dueña de lo que representa. Aquellos hombres criminales han quebrado su posibilidad de ser según decida.

Un hombre llamado Luis Santos, juez de lo Penal número 1 de Pozoblanco (Córdoba), acaba de decidir que lo sucedido en aquel coche y su grabación no fue una agresión sexual. Fue, afirma, "una conducta de incuestionable naturaleza sexual sin contar con la voluntad y consentimiento de la víctima de modo que se cumplen con ello los elementos del tipo del abuso sexual, pero no consta que se emplearan dicha violencia o intimidación con la finalidad de conseguir la realización del acto de naturaleza sexual".

El juez Luis Santos ha condenados a los hombres a año y medio de cárcel por abusar de la joven. Y a penas que van de 3 años a 16 meses por grabarlo y difundirlo. ¡De 3 años a 16 meses!  No se me ocurre qué pasa por la cabeza de ese juez, qué tipo de ignorancia salvaje maneja.

Somos cuerpo. El cuerpo es nuestro territorio, y esta mujer ha quedado definitivamente desterrada de sí misma.