Posibilidad de un nido

Venga, voy a ejercer de feminazi

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Es un término que yo no debería usar, y soy consciente. Sin embargo, tiene algo de idiotez infantil, como de juego ineficaz, ay pobre, en el patio de atrás. Dicen feminazi y brota desde mi madurez UNA CARCAJADA ESCULPIDA EN DAÑO Y CULPA. Feminazi, dicen las idiotas, los idiotas. Qué sabrán lo que es sufrir. Pobre gente. Qué sabrán de lo que significa una infancia encaminada hacia el acoso, la mirada lasciva; una adolescencia ajena al respeto; una madurez que recordar no quiero. Qué sabrán.

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. YO CONOZCO EL ODIO. Mi carne ha sentido la sacudida basural y paradójicamente elevada del odio. Sí, la ha sentido, y rechazarla no ha resultado fácil. En fin, cualquiera que sepa de esto conoce la venganza. Yo no odio porque odiar es una pérdida de tiempo para imbéciles que no conocen la belleza del rencor, así de simple. YO CONOZCO LA VENGANZA. Hola, ¿qué tal?
Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. No se trata de mi carne, cuyo placer no tiene límites y aun así he conseguido domar su falta de fronteras. No se trata de mi carne, sino del EJERCICIO DE PROPIEDAD QUE SOBRE MI CARNE SE HA EJERCIDO. Del grito, el grito y el silencio formando parte de la misma agresión, ¿verdad? Pasado el tiempo me pregunto si era mayor agresión el grito o el silencio. Sobre esto existe suficiente literatura, así que no me extenderé. Ah, pero ese no abrir la boca.

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Se trata de la palabra MÍRATE, que no es una palabra sino una piedra. El que esté libre de pecado, tire la primera piedra. Y la piedra MÍRATE es como la piedra FALDA DEMASIADO CORTA, es como la piedra QUÉ PENSARÁN TUS HIJOS DE LO QUE ESCRIBES, es como la piedra A QUÉ HORA ACABAS DE ¿TRABAJAR?, es como el interrogante en la palabra trabajar, en el concepto trabajar, es la idea de que tu actividad fuera del ámbito doméstico, íntimo, oh, privado alberga una sospecha.

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Tengo bastante más de 50 años y todavía trago como quien come arena los requiebros sobre lo que harían de mi cuerpo aquellos con quienes comparto emisoras, redacciones, platós. A estas alturas. Recordando las humillaciones en toda redacción que queda en mi memoria, sigo tragando porque tragar yo su mierda supone que mis hijos traguen alimento. Y NO ME AVERGÜENZO DE ELLO.

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Conozco el grito del hombre que te zarandea a las tres de la madrugada porque su alcohol necesita recipiente. Conozco la desolación de comprobar que quien se va, todos ellos, jamás vuelve a interesarse por qué comen mis hijos y de dónde procede. Conozco el relato que hacen de ti aquellos a quienes se les permite el relato, ¿verdad, Pere Sureda? Lo conozco casi todo. He salido de mi casa a las tres de la madrugada PARA SACAR A CHAVALAS DE UN BAÑO de la calle Orense ante cuya puerta esperaban cuatro niñatos, armada solo con mis botas de emascular. Hola, ¿qué tal? Y tú, ¿qué has hecho?

Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Llevo al lomo cuatro décadas de feminismo, tres exmaridos, un hijo, una hija y una recua de amantes que, como todo amante, fueron putos, tristes, cenicientos seres cobardes incapaces de dar la cara por una, aquella, oh, persona que los amaba. No me importan las ilusiones ni expectativas cocidas en burbujeantes romanticismos. Admito que he tardado mucho en saberlo. Lo llevo al lomo.
Venga, pichones y pichonas, voy a ejercer de feminazi. Pensar hacia dentro es un ejercicio de feminismo. Ojo a eso.