Posibilidad de un nido

Ha nacido una nueva minoría

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Cojamos a un hombre blanco, heterosexual y rico. Pongámosle enfrente a una mujer racializada, homosexual o trans y pobre. Hombre frente a mujer. Heterosexual frente a homosexual o trans. Rico frente a pobre. El simple hecho de imaginarles cara a cara resulta extraño, casi inconcebible. ¿Qué podría hacer un hombre blanco, heterosexual y rico frente a una mujer trans u homosexual y pobre, más allá de darle con una porra, pedirle la documentación, cerrar una celda o subirla en un avión sin billete de vuelta? También cabe la posibilidad que pertenezca a alguna ONG u otro tipo de organizaciones similares y, en ese caso, podría "ayudarla". Y sí, también podría explotar su cuerpo.

(Entiéndase aquí que, al decir "rico" me refiero a ese grupo de seres humanos cuyo trabajo o cuyas rentas les permiten pagar un piso o casa, los suministros, alimentos sanos, variados y abundantes, la educación de sus hijos, adquirir periódicamente nuevas prendas de vestir y calzado y disfrutar de máquinas nuevas)

Si hasta hace nada resultaba impensable que dichos seres humanos permanecieran juntos de cualquiera de las maneras, todavía era más marciano el hecho de que el poder de ella llegara a desafiar al de él.

Pero ella son más y él son menos.

Ella son muchas y él son casi nadie.

Ella son juntas y él son solos.

Y ahí tenemos, oh, el nacimiento de una minoría. ¿No resulta enternecedor?

En realidad, los hombres blancos, heterosexuales y ricos nunca han sido una mayoría. Nunca jamás en absoluto. Sin embargo, su poder bárbaro les ha permitido definir a toda aquella o aquel que no fueran ellos mismos con la palabra "minoría". Hasta tal punto que se ha llegado a hablar de las mujeres como "una minoría". Ese ha sido hasta ahora el fruto de su poder, su riqueza consecuencia de siglos de latrocinio y devastación, su prestigio, su capacidad para imponer un modo de vida, un ejemplo de virtud, y también el fruto de su propiedad de los medios de comunicación.

¿Cómo lo han hecho? Evidentemente, con el ejercicio de la violencia. ¿Cómo iba si no una minoría tan minoritaria a imponerse sobre el resto de los seres humanos? Apropiándose del uso de la violencia y legitimándolo.

¿Contra quién? Contra las no hombres, las no heterosexuales y los no heterosexuales, las no blancas y los no blancos, las no ricas y los no ricos. Hasta tal punto que incluso para nombrarles es necesario hacerlo por oposición a ellos. Hasta tal punto que son los amos no solo de los cuerpos sino también del lenguaje, de las palabras y su uso. En cada diccionario late el erizado corazón la violencia.

Pero está sucediendo algo que resultaba también inconcebible. Todas las "minorías" que no son el hombre blanco, heterosexual y rico han empezado a unirse hasta formar una mayoría evidente, abrumadora, que les supone una amenaza. Y lo más extraordinario es que están imponiéndose sin necesidad de usar la violencia. Sin oponer violencia a su violencia. Sencillamente siendo juntos y juntas. Entre otras cosas, y sobre todo, a través de las redes tejidas con cada vez más tino y a través de la comunicación. Una mujer más una mujer más una mujer más una mujer dejan de ser solas para formar un grupo de mujeres que se comunican y, sobre todo, se reconocen en las demás. Lo mismo sucede con los racializados y las racializadas, con homosexuales y trans, con los pobres y las pobres. Y hete aquí que la mayoría de esos grupos reconoce al resto de aquellas que el hombre blanco, heterosexual y rico denomina "minorías".

¿Quién es la minoría ahora? Y a la respuesta indiscutible, sigue otro paso no menos palmario: cuestionar su secular uso de la violencia, enfrentarlo con otros modos y dejarlo en cueros.

No se debe subestimar las armas de la nueva minoría, tienen miles de años. Se debe borrar esa idea idiota de que "no hay vuelta atrás". Sin embargo, el simple hecho de dejarlos en evidencia es un triunfo. Común, festivo, valiente y divertido ante su perplejidad. También se puede sencillamente poner a una mujer racializada, homosexual o trans y pobre frente a un hombre blanco, heterosexual y rico. Y esperar a ver cuál de las dos sale corriendo.