Posibilidad de un nido

Se abre la veda

La actriz Amber Heard abandona el juzgado del condado de Fairfax después del veredicto del jurado quje la condena a pagar 14 millones de dólares al actor Johnny Depp por difamación. REUTERS/Tom Brenner
La actriz Amber Heard abandona el juzgado del condado de Fairfax después del veredicto del jurado quje la condena a pagar 14 millones de dólares al actor Johnny Depp por difamación. REUTERS/Tom Brenner

El pasado día 1, hace menos de una semana y con las espeluznantes cifras de las últimas violaciones y asesinatos sobre la mesa, la Delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, afirmó en el programa La Noche en 24h de RTVE: "La infradenuncia en violencia de pareja, y eso estamos de acuerdo la Fiscalía, Policía y Consejo General del Poder Judicial, es del 70%, se revela el 30... pero en violencia sexual, la infradenuncia es de más del 90, sólo el 8% de las víctimas denuncian".

No dejo de repetirme "sólo el 8% de las víctimas denuncia las agresiones sexuales" mientras busco los datos que publicaba este mismo periódico, haciéndose eco del informe del Ministerio de Interior: "Durante el año 2021 en España se registraron un total de 2.143 denuncias por el delito de agresión sexual con penetración. Son cerca de seis violaciones al día, o lo que es lo mismo: una cada cuatro horas".

Una agresión sexual con penetración cada cuatro horas parece una salvajada. Si le sumamos que solo el 8% de las víctimas denuncia, después de gritar una se pregunta para qué sirven los informes de Interior, en qué se basan, cuál es su fiabilidad y muchas otras cosas más que me ahorro.

El 8% significa que en España las mujeres no denuncian la violencia sexual. En absoluto. Ocho de cada cien no es nada. Entonces, ¿qué significa que la sentencia contra Amber Heard, denunciada por Johnny Depp, disuadirá a las mujeres a la hora de denunciar? ¿A qué mujeres? ¿A las que ya no denuncian? Se trata de un análisis sin base, flotante, gaseoso como los que va publicando en Ministerio de Interior. Si solo denuncian ocho de cada 100, lo de una violación cada cuatro horas se nos queda no corto, vergonzosamente ridículo. Además de suponer un ejercicio de frivolidad. Porque al dar esa cifra, se fija en la memoria colectiva "una cada cuatro horas", sin dejar claro que no se trata de violaciones sino de denuncias. Y dichas denuncias, dado el porcentaje, no sirven para ningún análisis sociológico, ni político, ni criminal ni de ningún otro tipo.

La consecuencia de la condena contra Amber Heard no es que se vaya a denunciar menos –¿¿menos?? –, sino que se ha abierto la veda. Se ha creado un héroe de la violencia contra las mujeres, un héroe, sí, no un villano. No es el héroe que las libra de la violencia, sino el que representa la violencia misma. No es un héroe porque (se) haya hecho justicia –el Alto Tribunal de Justicia de Londres dio por válidas 12 de las 14 acusaciones de Heard contra Depp por violencia física y psicológica–, sino porque ha ganado. Eso y solo eso importa, la victoria.

A los que tienen la boca llena de jueces, podrían servirles los datos anteriores. El juez admitió 12 casos de violencia por parte de Depp contra Heard. Pero eso ya sencillamente no importa. Él ha ganado. Tienen un héroe, el héroe que necesitaban su misoginia y su machismo. No es nada nuevo, estaba ahí, sencillamente no habían ganado todavía. Ahora ya lo han hecho. El problema, durísimo, feroz problema que arranca ahora no tiene que ver con las acusaciones de las mujeres agredidas, acusaciones inexistentes, sino con la licencia para agredir.

El mismo día que la Delegada Rosell desgranaba los porcentajes de denuncias en TVE, una de las muchas alertas sobre las consecuencias de la representación del juicio Depp-Heard llamó mi atención por lo pavorosa. La psicóloga Jessica Taylor, especializada en violencia sexual y culpabilización de las víctimas, declaraba en The Independent que docenas de mujeres le estaban contando cómo su pareja o expareja violenta las estaba llamando "Amber" o "Sra. Heard" cuando trataban de defenderse. No cuesta mucho imaginárselos sintiéndose un ambiguo y juguetón pirata del Caribe, qué miedo.

No se reducirán las denuncias por agresiones, se multiplicará la violencia. Ya ha empezado.