Posibilidad de un nido

¿Qué os extraña de Savater?

El escritor Fernando Savater firma libros en la caseta de Visor Poesía en la Feria del Libro 2022, en el Parque de El Retiro, a 28 de mayo de 2022, en Madrid (España).-  Europa Press (Foto de ARCHIVO) 29/5/2022

El País era el periódico de izquierdas. Así nos fue. Y en El País había un filósofo que escribía sobre el buen vivir, Fernando Savater. Entonces no se hablaba, como ahora, de los múltiples privilegios, de las múltiples discriminaciones, se hablaba de izquierdas y derechas, tomando como ejemplo de "izquierdas" a aquel PSOE de Felipe González, de Solchaga y Boyer, de Vera y Barrionuevo. Lo repaso y no me salta el nombre de ninguna mujer sin que tenga que proponérmelo.

Fernando Savater gozaba y goza de todos los privilegios que una persona puede disfrutar en esta sociedad: es hombre, es blanco, es rico y es heterosexual. O sea, lo contrario, pongamos por caso, a una mujer negra, pobre y lesbiana. Esto es sustancial. Lo es porque durante más de dos décadas, todo aquello que llamamos "Transición", los años 80 y 90 del siglo pasado, fueron este tipo de personas quienes definieron lo que estaba bien y lo que mal, las prioridades sociales, políticas, económicas y en cuestión de derechos. Ellos fueron las voces que narraron este país,  que en teoría nos narraban a todas.

"Si aquí sobrevivimos a ministros y políticos como Pablo Iglesias, Irene Montero, Yolanda Díaz, Alberto Garzón, Ione Belarra, Pablo Echenique... seguro que en Italia no le irá peor con la líder de la extrema derecha", escribió Savater hace un par de días en un artículo publicado en El País. Parece que a mucha gente le ha extrañado. Quizás son jóvenes, quizás olvidan.

Hace ahora dos años, el filósofo se unió a un manifiesto internacional que apestaba a privilegio con tirita. Denunciaban "represalias en los medios de comunicación contra intelectuales y periodistas que han criticado los abusos oportunistas del #MeToo o del antiesclavismo new age". La idea misma de "abusos oportunistas del #MeToo" los retrataba. Pensar que millones, cientos de millones de mujeres hemos narrado las violencias sufridas –y juro que el dolor al hacerlo te desgarra— para aprovechar algo es de un miserable sin límites. Pero además es la fotografía de un privilegio.

Nadie renuncia a sus privilegios voluntariamente, no es la primera vez que lo escribo aquí, pero este caso es palmario. Desde aquellos años noventa en los que Savater andaba dando clases de ética por doquier hasta ahora ha pasado mucho tiempo. El tiempo no se mide solo en horas, días, meses; otra medida de su paso son las transformaciones sociales, científicas, tecnológicas que han sucedido desde entonces. Savater pertenece al pasado en descomposición de los discursos únicos, los clubes ingleses solo para hombres y sus celebradas mañanas en la hípica.

¿Qué va a entender este hombre del sufrimiento de quienes no tienen sus privilegios? ¿Qué sabrá Savater del miedo de las madres con paliza cotidiana, la brutal precariedad de las personas migrantes y racializadas, el salario que se acaba al día siguiente de haber llegado a la cuenta?

Bien mirado, me parece un halago que alguien como Fernando Savater te critique, eche pestes contra ti. Que te compare con la extrema derecha responde a su idea de que no parece la Meloni tan mala opción. Eso no debería extrañarnos. Pero, en fin, nada procedente de Savater debería hacerlo; y, si lo hace, no será por su culpa, sino porque en el fondo de nuestro corazoncito guardamos como oro en paño este síndrome de Estocolmo que nos provoca la falsa izquierda española, la falsa Transición, la idea de que todo podría haber sido de otra manera. Acabemos de una vez, ¿no?