Posibilidad de un nido

Pueden llamarme Cristino

Begoña Gómez, mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante homenaje organizado por el PSOE en el Ateneo de Madrid a la escritora Almudena Grandes, fallecida hace un año. EFE/ Zipi
Begoña Gómez, mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante homenaje organizado por el PSOE en el Ateneo de Madrid a la escritora Almudena Grandes, fallecida hace un año. EFE/ Zipi

Una tiparraca cuyo nombre no retengo ha dicho en un canal facha cuyo nombre tampoco retengo lo siguiente: "Me atrevo a decir que hay sospechas de que nuestra querida segunda dama, porque la primera es la Reina, me atrevo a decir que en un inicio fuera Begoño. Esta esposa o esposo del presidente viene de una familia de tradición de saunas gais. Esto hay que decirlo". O sea, ha dicho que Begoña Gómez es trans. La desdichada no ha hecho más que copiar aquella teoría –ya añeja, por cierto– de que el presidente Obama era gay y su esposa Michelle, transexual. Estos despojos patrios siempre llegan tarde y con la caspa al hombro.


La llama Begoño, imagino que en lo que considera un alarde de audacia, pero quién sabe lo que excita este tipo de mentes. Leo Begoño y me miro al espejo y me llamo Cristino, lo que francamente me da un poco de risa. Un poco. Que una infeliz llame Begoño a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno de España, debería darnos risa. Sin embargo, a nadie le cabe duda de que es una agresión. Cunde el asenso de que hay un acto de odio en tal afirmación. Los medios más leídos del país le dedican artículos a la tiparraca cuyo nombre no consigue mi organismo retener, y con ello la difunden, le prestan el altavoz que no tenía, hablan de "bulo".

A ver, a ver, a ver hasta qué punto está llegando todo esto. Una individua que, por lo que dicen, tiene "un canal de Telegram con 15.000 seguidores" (Oh) suelta una chorrada de chiste mellado de los 70 ¿y lo consideramos "bulo"? Un bulo es una "noticia falsa propalada con algún fin" (RAE). Así que el primer requisito para no reírnos de la pobreta sería considerar su eructo una "noticia". ¡Anda ya! Como mucho muchísimo, podríamos tomarlo como una muestra de los tiempos que corren. Pero me temo que, en tal caso, en el centro de este asunto no estaría ella, quién se lo iba a decir, sino quienes han otorgado a su basura la importancia suficiente como para dedicarle espacio, tiempo, altavoces, consideraciones superiores.

Después de no reírme lo suficiente, he recuperado la idea de ser Cristino, y no me ha parecido mal. Me refiero a que si esa fascista y sus hienas dijeran de mí –por poner ejemplos de lo suyo– que en realidad soy negra, gitana, lesbiana, feminazi, que me llevo a mis hijos lejos del maltratador... mira tú qué bien, un orgullo. Pues lo mismo con Cristino. A mí me llaman chupapollas, borracha e instigadora al asesinato de hombres, en general. Pero hete aquí que el mayor insulto ahora consiste en decir que una mujer es transexual.


Esa tiparraca cuyo nombre no retengo ha dicho en un canal facha cuyo nombre tampoco retengo algo contra Begoña Gómez. Es evidente que su intención era aviesa, quería hacerle daño y ha echado mano del manual de los fascistas norteamericanos y franceses que ya lo hicieron con Michelle Obama y con Brigitte Macron. Pero no era exactamente a la esposa de Pedro Sánchez a quien dicha babieca quería herir. Su regüeldo iba dirigido contra todas las personas trans, quería convertirlas en un insulto y a la vista está que algo de eso ha conseguido. Ay. Ni en sus sueños más húmedos contempló una posibilidad más allá del aplauso de cuatro lerdos en Nochebuena. Sin embargo, una parte de este país se ha envilecido hasta tal punto que somos capaces de comprar su pequeña flatulencia y darle alas.

A partir de ahora, pueden ustedes llamarme Cristino sin ningún problema. No cabe ofensa alguna en mi Cristino. Todo lo contrario.