Crónicas insumisas

Larga vida a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas

Tica Font

Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Una buena decisión conceder el premio nobel a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW). Es bueno para los ciudadanos evitar que haya armas químicas y que las mismas puedan ser utilizadas contra la sociedad civil . Los ciudadanos de a pie podemos estar contentos. Premiar iniciativas de desarme o de prohibición de producción, tenencia y uso de armas de destrucción masiva es un paso adelante importante para la humanidad, es un paso de alejamiento de la barbarie humana.

También ha sido buena noticia que el 14 de octubre entrara en vigor la petición del gobierno de Assad de adherirse a la Convención sobre armas químicas, formar parte de dicho tratado supone renunciar a tener, usar y producir armas químicas.

Cabe lamentar que todavía no lo hayan firmado o ratificado: Angola, Corea del Norte, Egipto, Israel, Myanmar y Sudan del Sur, esperemos que este premio nobel ayude a que todos los estados del mundo se adhieran y renuncien a este tipo de armamento.

Hace pocos días los medios de comunicación recogían la noticia que inspectores de la OPCW volvían a Siria con la misión de trabajar en la destrucción de las armas químicas. Las dos noticias son buenas, pero merece la pena recordar que destruir las armas químicas es un proceso lento. Por ejemplo Estados Unidos ha destruido el 82% de su arsenal, pero todavía le quedan por destruir 3.000 toneladas y no tiene previsto finalizar su destrucción hasta 2023. Rusia en 1997 declaró que tenía 40.000 toneladas de armas químicas, ha construido 3 plantas de destrucción y está construyendo 4 plantas más. Para ello ha solicitado a la comunidad internacional ayuda técnica y económica (2.000 millones $ anuales) y ha anunciado que no podrá cumplir con los plazos de destrucción.

Los procesos de destrucción de armas químicas son tecnológicamente sofisticados, requieren instalaciones especiales y son costosos económicamente. Libia en el 2004 firmó el Convenio, declaró disponer de 26 toneladas de gas mostaza y 3 plantas de producción. Hasta el 2013 ha destruido el 85% de las mismas y las 3 plantas y no está previsto que acabe la destrucción hasta el 2016. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas ha calculado que la destrucción del arsenal sirio, sin todavía tener toda la información disponible, superará los 1.000 millones de $, sin que se conozca  aún quien lo pagará.

Cuando se enfrían las pasiones del debate sobre si hay que atacar el régimen de Siria por haber utilizado armas químicas contra la población civil, y aprovechando que hoy se ha concedido el premio nobel a OPCW, es un buen momento para ampliar el campo de visón y con menos pasión conducir el análisis a abordar otros aspectos.
En primer lugar, en política no hay "hermanitas de la caridad" ni "libertadores" desinteresados, siempre hay intereses políticos o económicos ocultos detrás de las intervenciones, la dificultad puede estribar en reconocer con anterioridad las pretensiones o la finalidad última que se esconde, no tanto la que se nos anuncia a través de declaraciones.

En los últimos días todo el debate estaba centrado en poner el énfasis en la actuación abominable, que lo es, del régimen de Assad por el uso de armas químicas, mostrar imágenes de víctimas inocentes, generar indignación y lanzar el mensaje de que este tipo de actuación no se puede permitir ni consentir y que por tanto hay que castigar mediante el uso de la violencia a quien emplee esos métodos. Hoy tenemos la otra cara de la imagen, premiamos a la organización que tendrá que llevar a cabo la destrucción de dichas armas.

Actualmente también sabemos que si Siria disponía de gas sarín era gracias a Inglaterra y Alemania. Alemania vendió componentes para su fabricación desde 2002 hasta 2006, los gobiernos que autorizaron dichas ventas afirman que estos componentes pueden ser utilizados con otros fines y que desconocían que Siria dispusiera de un arsenal de armas químicas. Inglaterra vendió gas sarín en 2012.

También sabemos que EEUU facilitó gas sarín  a Saddam Husein para que lo utilizara en la guerra contra Irán.

Se ha mostrado mucha dureza con Assad, y es correcto, se premia a los encargados de destruirlas, pero se silencia la responsabilidad de los vendedores.