Crónicas insumisas

Bárcenas, Fabra, cultura de corrupción

Tica Font
Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delás d’Estudis per la Pau

Carlos Fabra, ciudadano ejemplar según Mariano Rajoy y Carlos Corazón de León según Alberto Fabra presidente de la Comunidad Valenciana, está contento con su sentencia, solo le han caído 4 condenas de 1 año cada una y por fraude fiscal, ya que el juez no pudo demostrar otros cargos, aunque eran evidentes; también está contento porque no lo han condenado por corrupción y cohecho. A pesar de reconocer que ha sido leve la condena piensa recurrir al supremo, su intención, no ir a prisión y dejar transcurrir el tiempo; está sentencia ha tardado 10 años en dictarse. La sentencia condenatoria no ha provocado su cese como secretario de la Cámara de Comercio de Castellón, esperemos que si sirva para mantenerlo alejado de las contrataciones públicas.

Este es el pan de cada día, procesos judiciales que se dilatan en el tiempo, para finalmente producir sentencias socialmente insatisfactorias; políticos que se protegen colectivamente para negar que hayan sido corruptos, para poner trabas e impedir que se demuestre que han llevado a cabo acciones corruptas, aunque los hechos indiquen lo contrario y políticos que no están dispuestos a reconocer responsabilidad política alguna sobre la corrupción imperante.

Es evidente la poca voluntad de los políticos para hacer las reformas legislativas necesarias, para aplicar medidas internas que eliminen las actitudes corruptas en el partido, medidas para regenerar la cultura y los valores políticos, como mínimo en el ámbito que les corresponde.

Pero todo no acaba en la esfera política, para combatir la corrupción necesitamos regenerar la cultura imperante en ciudadanos, políticos, empresarios y en todos los estamentos públicos, privados o laborales. Es necesario favorecer los valores de la honradez, de la honestidad y de la transparencia, es necesario combatir la cultura del soborno y la picaresca popular.

Tenemos que ser consciente que la cultura de la corrupción se instala cuando hay consenso social, cuando mayoritariamente la población valora que aprovecharse de la posición en beneficio propio se normal, que los listos son el que se aprovechan de las situaciones en su propio beneficio y que el que no se aprovecha es porque o es tonto o un inútil. Los municipios y comunidades donde ha habido más corrupción, la gente ha votado mayoritariamente a políticos corruptos o imputados por corrupción, siempre esperando que alguna migaja les pudiera caer, esperando a que su finca pueda ser recalificada para la construcción y que con las ganancia de la venta poder vivir algo mejor. La gente sabía que eran corruptas, pero confiaban en que alguna migaja les tocaría.

Quién de nosotros diariamente cuando ha tenido que pagar cualquier servicio no ha hablado de qué parte de la factura iba con IVA o sin IVA, quién cuando hace la declaración de renta no intenta escabullir pagar impuestos, quienes no vive la declaración de renta como si le sacaran una muela. Quién de nosotros no intenta utilizar una amistad para avanzar en la cola de una intervención quirúrgica o quien no empadrona al niño a la casa del abuelo para poder entrar en una determinada escuela pública.

La diferencia entre nuestras actitudes cotidianas y las prácticas de políticos y empresarios radica en las cuantías, mientras que la gente lo hace por un centenar de euros los otros lo hacen por miles o millones de euros, pero la actitud es la misma, el beneficio propio en detrimento del beneficio común.

Regenerar la cultura de la corrupción implica regenerar la cultura de todo el mundo, si solamente miramos a los políticos no cambiaremos la cultura de la picaresca.