Opinión · Crónicas insumisas

Ejército y represión

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.
Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Los ejercicios antidisturbios que han llevado a cabo militares en los cuarteles de Manises en Valencia hay que interpretarlos como una operación preparatoria para que las fuerzas armadas intervengan reprimiendo manifestaciones de la población. Estas maniobras hay que leerlas en clave política, los militares están mostrando su posición política ante las protestas, manifestaciones y mareas que diferentes grupos han llevado a cabo en diversas ciudades del territorio frente a los graves recortes sociales que afectan al bienestar de la población, otro elemento que les debe de preocupar es el avance electoral de Podemos y que estos puedan desplazar a los partidos históricos, algunos mandos seguro que están recordando los años anteriores a la Guerra Civil. El tercer elemento y mucho más alarmante, si se tienen en cuenta las fechas escogidas para los ejercicios antidisturbios militares es la cercanía a la votación del 9N en Cataluña, pues con dichas maniobras expresan la voluntad, de llegado el caso, intervenir militarmente para interrumpir el proceso del derecho a decidir el futuro político del pueblo catalán.

Otro elemento de esas maniobras es el lugar dónde se ejecutaron, Valencia, el acuartelamiento que fue comandado por el golpista Milans del Bosch que mandó tomar las calles de Valencia en el levantamiento militar del 23F. Y las unidades adiestradas provenían de Zaragoza, el lugar más cercano de Cataluña. Para quién no lo sepa en Cataluña no hay fuerzas militares estacionadas, tan solo unas escasas unidades que mantienen equipamientos sin ningún valor estratégico y por tanto sin capacidad para maniobrar en situaciones de emergencia, y las más cercanas se encuentran en Zaragoza.

No sabemos, si el adiestramiento de militares para actuar como policías y reprimir manifestaciones proviene del alto mando militar o es una decisión del Gobierno del estado. Si es esto último, expresa la incapacidad del Gobierno de Rajoy de negociar una salida democrática al proceso ciudadano que se vive en Cataluña. Si en cambio se trata de una decisión de los propios mandos militares es igual de grave. Pues se trata de una acción unilateral de los militares para interrumpir un proceso que se debate en el ámbito político entre el gobierno central y uno autonómico. Y en ese caso, los militares están lanzando un aviso al Gobierno de que están preparados para la acción, que están dispuestos para utilizar la fuerza y la violencia para impedir la segregación de un territorio o la construcción de un nuevo estado confederal.

Los militares no pueden opinar sobre la política interna del país ni manifestar o definir proyectos políticos. Por tanto con estas maniobras dirigen su voz al Gobierno y le manifiestan su descontento político. Le dicen que sí por vía política y jurídica el Gobierno no puede acallar las voces de independencia en Catalunya, que ellos están preparados para ejercer mediante la fuerza la toma de las instituciones políticas que corresponda y controlar los disturbios que puedan surgir en las calles por parte de la población.

El adiestramiento de Valencia muestra que en el ejército español todavía quedan mandos militares que están anclados en una etapa no democrática, cuando hoy el estado de derecho ya se encuentra consolidado, y no se siente amenazado por una posible reorganización territorial. No estamos en 1981 dónde había temor a que los militares franquistas llevaran un golpe de estado y revirtieran el nuevo régimen hacia una dictadura. Hoy el devenir político no pasa por las opiniones de los militares, hoy la democracia se caracteriza por ser un régimen político en dónde las diferencias se resuelven mediante negociaciones y pactos, no mediante la imposición por la fuerza de una de las opciones.

Un último recordatorio para futuros navegantes (Pablo Iglesias y compañía). Los ejércitos no solo están para dar seguridad a la población frente ataques del exterior, sino también para la seguridad interna. Es decir, que llegado el caso, tanto en estados democráticos como autoritarios, el estado no dudará nunca en utilizar el ejército frente a la población que intente socavar el orden establecido. Por lo tanto, la seguridad se debe buscar a través de otros parámetros que no sean estrictamente militares.