Opinion · Crónicas insumisas

Las perversiones de la I+D militar

Pere Ortega, Centro Delás de Estudios por la Paz

Hay unanimidad entre los economistas, sean ortodoxos liberales o críticos, que los aportes a la investigación y desarrollo (I+D), especialmente en el ámbito científico y universitario es una inversión que redundará en desarrollo y crecimiento económico. Por el lado social, porque el desarrollo tecnológico en cualquier actividad científica se traducirá en mejoras para el bien común. Por el lado del crecimiento económico, porque contribuirá, sino a corto plazo, seguro a medio plazo, a mejorar la productividad y esto tendrá efectos positivos pues generará empleo y redundará en bienestar general. Este último punto merece una aclaración importante, siempre que la I+D no tenga como fin acelerar la explotación de recursos no renovables, pues éstos son finitos y entonces se pondría en peligro la supervivencia del planeta.

En ese sentido, la I+D puede tener aspectos deleznables, y entre ellos uno que ha sido contestado por innumerables personalidades de la ciencia, Einstein, entre otros muchos, la investigación militar destinada a la fabricación de artilugios destinados para la guerra y muy especialmente las de destrucción masiva (nucleares, químicas y bacteriológicas). Es decir, hay un cuestionamiento moral a la I+D que se destina al ámbito militar pues contribuye al armamentismo, a la rivalidad entre estados que se traduce en carreras de armamentos y posibilita la explosión de nuevos conflictos, todo lo cual va en detrimento de la paz, un bien común al que la humanidad aspira.

El lobby militar industrial siempre ha cantado las excelencias de la I+D militar porque dice que contribuye al desarrollo de bienes de consumo, pues existe un trasvase de tecnología, el spin-off, al ámbito civil que redunda en beneficio social. Y se citan como ejemplos, la computadora e Internet desarrolladas por el Pentágono. Esta afirmación es más que cuestionable, cuando no una mentira colosal, pues no se cita que esos ejemplos fueron “secuestrados” por el Pentágono hasta que no le sacaron todos los posibles usos militares, retrasando su explotación en el ámbito civil y por tanto el desarrollo.

Todo esto viene a cuento porque en España, desde mediados de los años 1990 se dedicó un gran esfuerzo a la I+D militar, hasta alcanzar en 2006 la escalofriante cifra de 1.684 millones, que a partir de 2009, a causa de la crisis, empezó a descender hasta los 363 millones en 2013. Pero ahora, de nuevo, vuelve a aumentar. Este año lo ha hecho y en los presupuestos que se acaban de aprobar en el Congreso de Diputados para 2015, la I+D militar aumenta un 43,5% y alcanza los 727 millones.

Esta cifra de I+D va destinada a la fabricación de nuevas armas, de la cual, 563,9 millones surgen como créditos a las industrias de armamento a cero interés y a retornar en 20 años ligados a unos Programas Especiales de Armamentos (PEAS) concedidos desde el Ministerio de Industria. Estos PEAS, aún en etapa de fabricación, son los aviones Eurofigther y A400M, fragatas F-105, helicópteros Tigre y NH-90, submarinos S-80, así hasta 21 programas que ascendían a la astronómica cifra de 34.000 millones. Y se siguen anunciando nuevos PEAS, para el año próximo una nueva Fragata, la F-105, con un coste aproximado de 800 millones y se anuncia que se fabricaran cinco; y entre 350 y 400 nuevos blindados 8×8, con un importe final entre 1.000 y 1.500 millones. PEAS, que se empezaron a diseñar en 1997 de la mano del Gobierno de José María Aznar, luego continuados y ampliados por el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero.

Esos “créditos” en I+D a fecha de hoy suman, nada más y nada menos que 16.120 millones. Pongo comillas a los créditos, porque más bien son ayudas encubiertas a las empresas, pues a fecha de hoy en su mayor parte no han sido devueltos al Tesoro Público. Las industrias afirman que eran adelantos a cuenta establecidos en un convenio y que cuando han entregado las armas han cobrado el resto de la factura. Mientras Defensa escurre el bulto y no sabe cómo solucionar la “trampa” contable que estableció, pues si se condonan, se convertirán en déficit para Hacienda Pública.

Las ayudas en I+D para armamentos contrastan con el escaso 4,8% de incremento para la I+D civil que contemplan los presupuestos del Estado para 2015, frente al 43,5% militar. Sin duda el despilfarro en producir armamentos de dudosa eficiencia, tanto en el ámbito económico como estratégico, pues la mayoría de los PEAS son de dudosa eficiencia para la seguridad (esto lo dejo para otro artículo); y seguro que son en detrimento del desarrollo del país. La investigación científica tiene su lado más obscuro en el tortuoso entramado que configura el complejo militar-industrial. ¿Cuándo investigarán las corruptelas que existen detrás de los PEAS?