Opinion · Crónicas insumisas

Impulso a las negociaciones de paz en Colombia

Tica Font
Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau

El 16 de noviembre el general Rubén Alzate fue secuestrado por las FARC en extrañas circunstancias, generando interrogantes sobre el mismo. El general iba vestido de paisano, el cabo que le acompañaba no era de su unidad y su otra acompañante era una abogada. Los tres se desplazaban por el río Atrato sin escolta y en un momento determinado el general pidió a los demás miembros que le entregaran los teléfonos móviles; a todo ello se adentraron en territorios ocupados por la guerrilla. La falta de precauciones, el hecho de que no se sepa qué misión estaba llevado a cabo para comportarse de manera tan poco habitual, ha generado infinidad de conjeturas y teorías conspirativas.

La primera reacción del presidente Santos ha sido suspender las negociaciones con las FARC en La Habana; no dijo que se rompían las negociaciones para finalizar el conflicto armado, pero las paralizó. Las FARC han reaccionado de manera constructiva, anunciando que su prioridad era salvar el proceso de negociación y que liberarían al general Alzate rápidamente y sin condiciones.

Durante los dos años de negociaciones se han producido enfrentamientos entre militares y miembros de las FARC, produciéndose muertes en ambos bandos, pero era sabido que las negociaciones se realizaban bajo unas reglas pactadas; nada de lo que suceda fuera de la Mesa de negociación afectaría la agenda de las mismas. Santos ha utilizado el secuestro o “la toma de un prisionero de guerra” para mandar un mensaje a las FARC, les ha indicado que él ha marcado una línea roja, les ha indicado hasta donde está dispuesto a tolerar en la confrontación. Pero también manda un mensaje de apoyo institucional a los militares en un momento en el que el debate de La Habana está centrado en el tema de la justicia transicional y en el que los militares van a tener que asumir pasar por los tribunales.

Con este secuestro las FARC han demostrado al Gobierno que siguen fuertes y con capacidad operativa, al mismo tiempo que demuestran su capacidad de mando, disciplina y control dentro de sus filas aceptando la liberación del general; han demostrado que son un ejército que responde a sus comandantes y que si estos firman un acuerdo con el Gobierno, la gran mayoría de ellos dejará las armas.

De momento podemos decir que tanto el Gobierno como las FARC han demostrado capacidad y madurez política; ambos han primado y han optado por la solución política y no por el tratamiento militar de la situación. También se ha demostrado que los mecanismos establecidos en La Habana para resolver eventuales crisis han funcionado; lo mismo se puede afirmar del papel de los países garantes, Cuba y Noruega, que han actuado con acierto en la recomposición de las relaciones.

El secuestro durante unos días sacó de la indiferencia a muchos colombianos y encogió el corazón a otros muchos al pensar que proceso de paz podía acabar en fracaso. Pero la habilidad para reconducir un acontecimiento militar llevándolo al terreno de la política ha mostrado el compromiso del Gobierno y de las FARC por una solución negociada al conflicto. Los hechos han mostrado una vez más la fragilidad y los riesgos que acechan el proceso de negociación, así como la perseverancia de aquellos que quieren romper y aniquilar el proceso de negociación, pero también la fuerza de los que quieren que la negociación sea un exito.

Se espera que en breve la liberación del general tenga lugar, se espera que los diálogos en breve se reanuden, se espera que en breve el misterio sobre qué hacía un general experto en contrainteligencia vestido con bermudas, sin escolta en territorio FARC, saltándose todos los reglamentos y protocolos, se pueda esclarecer.