Opinión · Crónicas insumisas

Se avecina el estado orwelliano

Pere Ortega, Centro Delás de Estudios por la Paz

Los criminales ataques de París del pasado 7 de enero por parte de unos fanáticos que en nombre del Islam perpetraron una masacre contra redactores y dibujantes de la revista de humor Charlie Hebdo y en una tienda de comida khoser han levantado una ola de indignación y rechazo entre la población europea.

Esta indignación ha abierto la puerta para que los gobiernos, en aras de la seguridad, hayan empezado a disponer medidas que, aunque afirmen lo contrario, van a suponer un recorte de libertades de la ciudadanía de los países europeos. Estas medidas destinadas a reforzar la seguridad se dispondrán en dos campos: Uno el de la seguridad interior, y otro el de la Defensa.

Por lo pronto, el primer ministro francés Manuel Valls, ya ha declarado que Francia está en estado de guerra; el presidente Hollande, ha dicho que de momento aplaza la disminución de las fuerzas armadas, hoy de 200.00 efectivos y que preveía disminuir a 100.000 en 2019, y avisa que no habrá recortes en el presupuesto de Defensa, mientras envía el portaaviones Charles de Gaulle y un submarino nuclear a las aguas de Oriente Próximo.

A la vez, Francia, junto a Alemania, Reino Unido, Bélgica y Holanda preparan medidas especiales de control. Los ministros de Interior pretenden retirar los documentos de identidad a los ciudadanos europeos sospechosos de yihadistas para impedirles viajar a Oriente Próximo. En España, además de estudiarlo, Mariano Rajoy, ya está preparando un acuerdo con otras fuerzas políticas para luchar contra el terrorismo e incrementar medidas de seguridad que a buen seguro se traducirán en incrementar el gasto de los ministerios de Interior y Defensa. Esto mismo se va producir en diversos países europeos para implementar mayores medidas policiales de control y la adquisición de armamentos y sistemas de control y vigilancia militar.

Otras medidas del ámbito de seguridad que se pretende poner en marcha son, una gran base de datos (big data) compartida que, entre otras cosas, recogerá información de los pasajeros que viajan por Europa (nombre, DNI, dirección, teléfono, itinerario, tarjeta de crédito, menú de comida, etc); base de datos que se ampliará a todas aquellas personas que se consideren sospechosas de tener contactos con organizaciones islamistas. Esta base de datos antes de los atentados de Paris no había sido posible implementarla por la negativa del Tribunal de Justicia de la UE, ahora es posible que se implemente. Otra medida que preparan los estados es la posible suspensión de la movilidad para determinadas personas, suspendiendo el Tratado de Schengen a ciudadanos europeos sospechosos de tener contactos con el yihadismo.

En definitiva, las masacres de Paris, van a justificar intensificar las medidas excepcionales y represivas de recorte de derechos fundamentales y la progresiva militarización de la seguridad pública en buena parte de Europa.

Todo ello abre un escenario político que avecina un estado “orwelliano” de control y vigilancia de la población al que debemos oponernos. La “guerra contra el terror” tras el 11S de 2001 que implantó Estados Unidos con ayuda de sus aliados europeos se tradujo en las trágicas guerras de Afganistán, Irak y Libia, países arrasados por nuestros ejércitos y que son la causa, junto el conflicto actual de Siria, del odio de muchos habitantes de esos países hacia EEUU y sus aliados, es decir, nosotros. Recordemos, que tras el 11S, se implantó la Patriot Act en EEUU para permitir la tortura, se creó Guantánamo, Abu Graib, cárceles secretas, vuelos secretos de la CIA y programas de espionaje masivos de la población.
Ahora, de nuevo, en aras de la seguridad, se pretende de nuevo recortar los derechos a la intimidad, la privacidad, la movilidad, la libertad de prensa y de expresión, y las garantías ciudadanas. En especial, Internet y las redes sociales serán objeto de vigilancia y seguimiento y previsiblemente se continuará con la criminalización de los movimientos sociales que muestren disidencia hacia ese estado de cosas.

No debemos permitir que lo ocurrido en París permita el recorte del estado garantista de derechos; tampoco que se abran diferencias entre la ciudadanía, pues puede surgir una ola de islamofobia y xenofobia que se puede desatar hacia todos los diferentes, es decir todos los que no son cristianos y blancos; no debemos permitir la imposición de un programa político que amenace las libertades civiles y las garantías democráticas que tantos sacrificios (y sangre) nos han costado.

Seguridad y libertad no son antagónicos sino complementarios.