Opinion · Crónicas insumisas

Brigadistas internacionales

Pere Ortega
Centro Delás de Estudios por la Paz

Ocho españoles han sido detenidos y acusados por haberse enrolado como voluntarios para luchar junto a las fuerzas armadas que combaten por la independencia de las repúblicas de Lugansk y Donetsk frente al ejército gubernamental de Ucrania. Estos jóvenes, algunos militantes de partidos de izquierdas y tres de ellos exmilitares, han justificado su alistamiento junto a las fuerzas prorrusas aduciendo que iban a combatir, según ellos, a las fuerzas pronazis del Gobierno de Kiev, rememorando así a las brigadas internacionales que vinieron a luchar al lado de la República en la Guerra Civil española de 1936.

Estos hechos merecen algunos comentarios. El primero es el relativo al contexto histórico en que se desarrollan los hechos. La Europa de 2015 no se parece en nada con la de 1936. Por aquella época existían en Europa gobiernos fascistas con pretensiones imperiales que amenazaban con anexionarse territorios de otros estados, así como múltiples partidos de esa ideología que pretendían llegar al poder. Por el lado contrario, existían múltiples fuerzas sociales de carácter republicano, unas anarquistas, socialistas y comunistas, otras más de centro, democráticas y liberales, que se oponían al auge del fascismo.

En ese contexto de profunda confrontación ideológica, que podemos simplificar como partidarios del fascismo frente a democracia, hay que entender las brigadas internacionales que vinieron a España a luchar al lado de la joven República frente al levantamiento militar fascista. Porque lo que estaba en juego no era solamente la voluntad del pueblo español a escoger su propio futuro, sino el peligro a que el fascismo se fuera extendiendo e implantando mediante golpes de Estado por Europa.

Hoy, cierto es que existe un auge de fuerzas políticas ultranacionalistas y xenófobas. Pero Europa está a años luz de aquel contexto, y no se percibe el peligro de que el fascismo vuelva a implantarse en algún Gobierno europeo o de que lleve a cabo un golpe de Estado. Sí que es cierto que hay fuerzas ultranacionalistas favorables a disolver la Unión Europea. Pero el peligro que entrañan se debe a la influencia que puede ejercer sobre las políticas de los gobiernos a practicar, como así ocurre, políticas xenófobas contra la inmigración y las minorías.

El segundo elemento a tener en consideración está relacionado con las características de los conflictos hoy vigentes en el mundo, y en concreto el que azota Ucrania. Diversos analistas utilizan el concepto de “guerras sucias” para denominar unos conflictos en que los valores democráticos, de justicia o de derechos humanos son escasamente visibles en las partes enfrentadas. Solo hay que referirse a las guerras de Siria, Iraq, Afganistán, Libia o Sudán del Sur. En todos ellos se puede justificar un No a la Guerra, pero es mucho más difícil justificar como justo a uno de los bandos, pues ni Sadam Hussein, ni Gadafi, ni Al Asad, ni los talibanes eran un buen ejemplo a defender, ni tampoco a EEUU y sus aliados que los invadieron o agredieron.

Algo similar ocurre en Ucrania, esa guerra civil, no es contra el nazismo, como algunos de esos jóvenes españoles han dicho. Cierto es que el Gobierno de Kiev tiene el apoyo de fuerzas ultranacionalistas y alguna pronazi. Pero su pretensión es alinearse junto a la Europa occidental. Mientras que los secesionistas del Dombás pretenden federarse con la Rusia de Putin, un régimen que tiene bien poco de valores democráticos, republicanos o de defensa de los derechos humanos. Así, no se percibe que los brigadistas que vayan a luchar al lado de los prorrusos, como los que lo hacen al lado del Gobierno de Kiev, estén defendiendo una causa justa como lo fue la República española en 1936.

Otro elemento de consideración es el referente a los brigadistas que bajo el nombre de muyahidines o yihadistas se apuntan a combatir en diferentes causas. Sin duda se trata también brigadistas internacionales. Pero la denominación tampoco resiste su comparación con los que vinieron a combatir a España al lado de la República. Hay que recordar que su nacimiento fue a propósito de la invasión de Afganistán por parte de la URSS. Muyahidines provenientes de muchos países árabes, como el propio Bin Laden, que fueron armados por EEUU, y que tras la victoria talibán, volvieron a sus países como vencedores de haber ayudado a implantar un Estado islámico. Hecho que les hizo ganar prestigio y que favoreció su crecimiento y expansión. Muchos jóvenes, tras aquella victoria, se lanzaron como voluntarios en diferentes guerras que ahora no se sabe cómo resolver.

Hoy, después de la terrible historia del Siglo XX con sus 120 millones de muertos, no existe ninguna justificación para que nuevos brigadistas tomen las armas para luchar en “guerras justas”. Las guerras, antes y ahora, siempre han sido injustas con la población que las padece. Nuestro mundo no necesita brigadistas para hacer la guerra, sino gentes dispuestas a declararse insumisos a la guerra, que clamen en favor del desarme, la resolución pacífica de los conflictos y se hagan internacionalistas y brigadistas por la paz. Que por cierto los hay en la mayoría de los conflictos.