Opinion · Crónicas insumisas

Ciudades bombardeadas, reto para sus alcaldes

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau

En las guerras clásicas el campo de batalla era el espacio físico en donde se llevaba el enfrentamiento armado o se libraban las batallas entre los ejércitos. En las películas de romanos, en las películas medievales o en las de la primera guerra mundial, las imágenes muestran soldados combatiendo contra ejércitos de otro bando en grandes extensiones, midiendo su fuerza mediante el poder destructor de las armas. Esta limitación del espacio de confrontación impedía que el conflicto se extendiera a espacios más amplios y que se extendiera a los núcleos urbanos habitados.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, en que las batallas se llevaran a cabo en espacios no poblados, la mayoría de las víctimas de las guerras eran militares. Fue en esta Segunda Guerra que se introduce un cambio relevante respecto al papel que juegan los civiles en la guerra y se les asigna el papel de reponer hombres en el campo de batalla y mantener la producción de armas. Posteriormente, durante la Guerra Fría, la población civil pasa a ser rehén de las guerrillas que luchan por llegar al poder, y consideran la población como la cantera humana que les proporciona alimentos, cobijo y atenciones cuando los requieren; en cambio para los militares que combaten a las guerrillas, la población civil pasan a ser colaboradores y posibles guerrilleros. Pero tanto unos y otros, a través de la propaganda buscan la adhesión de la población a su ideario. En los actuales conflictos armados la población civil se ha convertido en objeto de guerra, en escenario de guerra o en campo de batalla; cada bando se enfrenta al otro mediante el ataque a la población que se identifique con el bando contrario o enemigo. Todos ellos mediante la generación de terror y miedo sobre la población intentan conseguir su sumisión.

En los últimos años hemos comprobado y visionado imágenes de bombardeos a ciudades como estrategia de combate, la última versión la ofrece el régimen de Al-Asad bombardeando con barriles de explosivos llenos de metralla las ciudades. Los datos indican que entre el 80 y el 90% de los muertos y heridos por el uso de armas explosivas son civiles; estos daños se incrementan y se prolongan en el tiempo, en la medida que dichas armas también destruyen infraestructuras vitales como plantas de agua potable o energía, hospitales, la red de alcantarillado, escuelas o viviendas.

Las peores consecuencias humanitarias de los bombardeos podemos observarlos en su uso frecuente en zonas en la que se confunde a los combatientes con la población civil. Un buen ejemplo son los bombardeos realizados en los conflictos más recientes y actuales como Siria, Ucrania o Yemen, pero también en los conflictos de los últimos años como los de Gaza, Irak, Líbano, Libia, Somalia, Costa de Marfil, Sri Lanka, y otros países.

A modo de ejemplo tomemos los daños sufridos por la población de Gaza en la que la principal estrategia militar israelí fue la de los bombardeos durante el verano de 2014. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), más del 85% de víctimas mortales (1.845) palestinas eran civiles, de las que el número de niños muertos superó los 400. Por contra, entre las fuerzas israelís se produjeron 67 muertes, de las que 64 eran soldados, dos civiles y un ciudadano extranjero. En cuanto a heridos hubo 9.536 entre la población palestina de las cuales 2.877 eran niños. Casi el 30% de la población de Gaza ha sido desplazada (520.000), incluyendo a cerca de 65.000 personas cuyos hogares han sido destruidos o dañados sin posibilidad de ser reparados y por tanto sin posibilidad de retorno. Si la estrategia militar israelí no hubiera consistido en bombardear ciudades, el daño sobre la población civil hubiera sido mucho menor.

Más allá del sufrimiento físico y mental inmediatos sobre las víctimas, los bombardeos destruyen y dañan hospitales, escuelas e infraestructuras vitales para la población; tienen como efecto la falta de combustible y los daños sobre vehículos como ambulancias que impiden el traslado de enfermos a centros médicos. Finalmente cabe considerar que los bombardeos producen hacinamiento de personas en campos de refugiados.

En definitiva, bombardear zonas pobladas genera sufrimientos inmediatos, muertes, heridos y destrucción de infraestructuras, pero más allá de este sufrimiento los costes humanos son a largo plazo. El desastre humanitario de la utilización de armas explosivas en zonas habitadas representa un gran desafío al deber de protección de la población civil en cualquier conflicto armado, que emana del derecho internacional humanitario, en virtud del cual están prohibidos ciertos tipos de ataques, cuando son «indiscriminados» o que se dirigen deliberadamente contra civiles, pero no existe una frontera clara que impida específicamente el uso de armas explosivas en áreas pobladas. Es necesario desarrollar y ratificar un compromiso internacional a estos efectos, la protección de civiles.

En 2011 un grupo de organizaciones de la sociedad civil (ONG) creó la Red Internacional sobre Armas Explosivos (INEW, en sus siglas en inglés) para responder a los efectos de los bombardeos en zonas pobladas. Hasta el momento alrededor de 40 países han expresado públicamente su preocupación por esta cuestión, desde un punto de vista humanitario, sobre todo en el contexto del Consejo de Seguridad de la ONU.

Estos días en España estamos inmersos en la campaña electoral para escoger alcaldes y concejales, se abre el periodo en que hablamos de cómo queremos que sea nuestra ciudad, de los problemas que queremos corregir, de los cambios que pretendemos llevar acabo o de cuáles son las necesidades más importantes para los ciudadanos. Pero ahora os propongo que destinemos unos minutos a pensar en los retos de los ciudadanos, alcalde y concejales de las ciudades de Gaza en Palestina; Alepo, Damasco o Yarmuk, en Siria; Okash o Saná en Yemen y tantas otras ciudades bombardeadas. Pensemos en el contenido del programa electoral de los candidatos a alcalde de Yarmuk o Alepo, ¿Qué propuestas incluirían en sus programas?