Opinion · Crónicas insumisas

Terrorismo y medios de comunicación

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

La semana pasada se difundió por internet un video con la ejecución o asesinato de 25 soldados sirios en manos de niños o jóvenes del grupo Estado Islámico.

Alrededor de este vídeo creo necesario reflexionar sobre algunos de sus elementos. En primer lugar, ¿quién es el destinatario de estas imágenes?, ¿a quién van dirigidas? Evidentemente, es un producto de propaganda dirigido a la sociedad occidental. El mensaje no va dirigido a sus seguidores, no va dirigido a la población bajo su dominio y tampoco busca incrementar adeptos a su causa. Este vídeo representa en lenguaje actual lo que anteriormente eran las notas o comunicados que emitían los grupos armados o grupos insurgentes, en los que explicaban sus reivindicaciones y justificaban su actuación o las acciones militares que habían acometido.

Si el vídeo está destinado a ser visionado por nuestra sociedad, tiene que utilizar un lenguaje narrativo comprensible en nuestra cultura y tiene que utilizar la psicología y resortes mentales occidentales. De ahí el escenario, unas ruinas romanas, uno de los símbolos venerados en nuestra cultura y más visitado por los turistas; un teatro que al igual que en épocas del imperio romano servía, además de espacio teatral, para representar batallas de guerras míticas o espectáculos cruentos como el de los gladiadores luchando entre hombres o contra fieras; espectáculos de lucha a vida o muerte.

El segundo elemento a destacar son los niños o jóvenes que ejecutan a los soldados. Que sean niños y no adultos los que ejecuten a personas (en este caso soldados) produce una incomprensión mental en nuestra sociedad. Nuestra cultura tiende a proteger a los niños de infinidad de cosas, tales como las enfermedades, la muerte, el dolor, etc. En nuestra mentalidad es incomprensible que los niños puedan acometer dichas atrocidades. Produce rechazo no solamente la acción que han llevado a cabo, sino que inmediatamente se responsabiliza a los adultos que han inducido o que han ordenado a los niños cometer dichas actuaciones; en nuestra cultura a los niños se les protege y se les aparta de actos dolorosos y dramáticos. Los terroristas saben que el hecho de que los ejecutores sean niños o jóvenes generará una reacción visceral contra aquellos, bien sean individuos o colectivos, que no solamente no protegen a los niños de observar estas acciones, sino que además se les prepara para participar o ejecutar dicha barbaridad.

La última escena del vídeo recoge un degollamiento. Dicha acción en nuestra sociedad es clasificada como bárbara, salvaje, incomprensible; nuestra cultura no soporta el derramamiento de sangre y el dolor. Los ideólogos y transmisores de dichas imágenes lo saben y por eso las utilizan. Nuestras televisiones y medios de comunicación no suelen mostrar ejecuciones, el momento clave de un asesinato, etc. Este tipo de imágenes suelen estar censuradas.

Hace años los grupos armados o insurgentes emitían comunicados o notas escritas en donde explicaban sus motivaciones y reivindicaciones de lucha. Hoy tenemos que abordar y analizar los vídeos o las fotos como antaño lo hacíamos con las notas o comunicados. Sabemos que el vídeo va dirigido directamente a la sociedad occidental, no a los gobiernos, su mensaje no es reivindicativo, no pide la libertad de presos, cambio de sistema político o económico, etc. La finalidad del vídeo es generar reacción de rechazo a la barbarie, miedo en los ciudadanos occidentales, ya que esos actos también puede ser que tengan lugar en nuestro país y provoquen una reacción visceral contra el radicalismo del Estado Islámico y su capacidad de actuar en nuestras ciudades.

Las fotografías y los vídeos de sus acciones pretenden incubar en nuestra sociedad una reacción, un deseo de venganza; una reacción destinada a acabar con dicha barbarie; inducir a pensar que los musulmanes incuban en su pensamiento y en su fe comportamientos inhumanos y bárbaros.

Si el mensaje que los grupos yihadistas transmiten con esos actos cala en nuestra opinión pública, éstos cumplirán con su objetivo, pues crecerá el apoyo político a aquellos partidos que hacen valoraciones negativas sobre el Islam; crecerá el anti islamismo y la xenofobia; se promoverán limitaciones de los derechos civiles a los musulmanes; políticas de vigilancia (ser musulmán puede ser razón suficiente de ser sospechoso de dar apoyo a la radicalización islámica); y se favorecerá a los partidos que impulsen la utilización de la fuerza militar contra el grupo EI. Esta es la reacción que buscan esos grupos yihadistas, demostrar a otros musulmanes moderados que Occidente es anti musulmán y que tenemos una doble vara de medir, que los ciudadanos occidentales hablan de libertad y derechos humanos, pero que esas libertades y derechos no les son aplicados a los ciudadanos musulmanes.

Responsabilidad de la prensa y demás medios de comunicación es valorar el no dar apoyo propagandístico a sus mensajes. Pienso que no es suficiente con no difundir el vídeo, tampoco se debe dar cobertura a imágenes y acciones de propaganda destinadas a confundir y crear una opinión pública contraria al Islam. Responsabilidad de todos será no caer en la trampa, permanecer serenos y actuar con raciocinio y sentido común.