Opinion · Crónicas insumisas

La derrota de Syriza y el gasto militar

Pere Ortega
Investigador del Centro Delás de Estudios por la Paz

Peor imposible. Humillación, ese es el adjetivo más utilizado por la opinión pública griega. El clamoroso éxito del 61% de votos a favor del No en el referéndum griego a las medidas de austeridad propuestas por la Comisión Europea (CE), ha sido respondido por los jefes de estado de la UE emitiendo medidas de mayor dureza y lanzando un nuevo ultimátum: tres días para su aprobación, de lo contrario no hay rescate ni liquidez y Grecia debe abandonar el euro.

Tsipras lo tiene difícil, si acepta el chantaje de la CE, como parece, el partido Syriza se romperá, y dependiendo de lo que decida el Parlamento griego, puede caer el gobierno y tenerse que convocar elecciones. Si por el contrario, Tsipras rectifica y abandona el euro y retorna el dracma, habrá una devaluación de la moneda, más fuga de capitales y Grecia entrará en una etapa de incertidumbre, con inflación, más paro y mayor crisis social; pero a la vuelta de unos años Grecia quizás pueda recuperarse.

Desde luego, los gobiernos griegos anteriores a Syriza tienen tanta o más responsabilidad que la propia UE de la crisis helena. Ya describí (Público 30/06) cómo el desmesurado gasto militar ha contribuido a la enorme deuda y suspensión de pagos griega. Entonces no era de extrañar que entre las medidas que la CE reclamaba a Tsipras estaba el disminuir el gasto militar en un 0,2% del PIB y ahorrar 400 millones de euros al año. A mi parecer una exigua cuantía considerando que Grecia tiene el gasto militar más elevado de Europa (un 2,2% según el Sipri). La respuesta de Tsipras en este punto ha sido aceptar una rebaja inferior, 300 M€ en dos años, 100M€ este año y 200M€ en 2016. Al parecer, Tsipras se ha visto amenazado por su socio de gobierno, el nacionalista Griegos Independientes (ANEL) de hacer caer el gobierno si aceptaba una rebaja del gasto militar.

Sobre las cuestiones relacionadas con la defensa, el actual gobierno griego tiene un grave problema: haber pactado con ANEL. Un partido ultraconservador y anclado en el nacionalismo más rancio y acusado de xenófobo respecto a la inmigración. Con un líder, Panos Kammenos, a quien nada menos se le ha otorgado el ministerio de Defensa. Con un socio de esas características resulta imposible negociar la disminución del gasto en defensa. La semana anterior al referéndum Tsipras, al lado de un eufórico Kammenos, rechazó la propuesta de la CE de disminuir el gasto militar. Otro dato revelador sobre las políticas erráticas en el ámbito militar del gobierno de Tsipras, fue aprobar, la semana anterior al referéndum, un contrato militar con EEUU de 440 M€ para modernizar cinco aviones de patrulla marítima P-3B Orión.

Un enorme gasto militar que está relacionado con las rivalidades que Grecia mantiene con Turquía, país con el que se tienen litigios y agravios de toda índole desde hace siglos, entre otros, la división de Chipre en dos zonas, una griega y otra turcomana. Causas que un partido ultranacionalista como ANEL no hará más que exacerbar y que son una de las causas del gasto militar griego producido por una absurda carrera de armamentos que se mantiene con Turquía. Además de otras cuestiones no menores, pues ANEL declara su animadversión hacia otros países limítrofes: con Macedonia por una cuestión ridícula, reivindicar junto a otros partidos el nombre de Macedonia como parte de su patrimonio histórico; con Albania peor, por la cuestión de la inmigración. Desde luego Syriza no se ha buscado el mejor socio para gobernar, cuando en la pasada campaña electoral criticaba el gasto militar desmedido de gobiernos anteriores; hacía promesas pacifistas de acabar el enfrentamiento con Turquía; y pretendía disminuir el militarismo griego. Un partido de izquierdas, Syriza, a quien se le presupone sentido común para iniciar una política de acercamiento con Turquía mediante políticas de seguridad compartidas que pusieran fin a las tensiones y propiciaran la reducción del desmedido gasto militar griego.

Hay quién esgrime que el gasto militar griego proviene del lugar geoestratégico que ocupa Grecia en el mapa europeo, pues representa un baluarte frente a los conflictos de Oriente Próximo, en concreto frente a la expansión del terrorismo; también que es un país balcánico, región de alto riesgo y que su presencia puede poner freno a la expansión de esos conflictos hacia Europa. Estas no son razones de peso, pues Grecia es un país que pertenece a la OTAN, y no tiene sentido que sea el país con mayor gasto militar (Estados Unidos aparte) de ésta organización, cuando la media de los países miembros europeos es del 1,3% del PIB.

Sobre esto último recordar, que si bien es cierto que en 2008, el gasto militar heleno era de un 4% del PIB. En 2015, al llegar Syriza al gobierno, este gasto había disminuido al 2,2%, sin duda una disminución importante. A este respecto también cabe hacer mención al informe de desarrollo humando, PNUD de Naciones Unidas, cuando en 2004 recomendó no superar el 2% del gasto militar y estabilizarlo alrededor del 1% del PIB.

Cualquiera de las opciones que adopte el gobierno de Tsipras será dolorosa para el pueblo heleno, pero la disminución de un gasto militar ineficiente para destinarlo a la economía productiva seguro que aliviaría la maltrecha economía de Grecia.