Opinion · Crónicas insumisas

El fin está en los medios

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Sobre tan importante cuestión, “Los medios y los fines”, en política, llevamos, desde Aristóteles, milenos debatiendo. Pero aun así, es pertinente continuar haciéndolo, en especial, cuando surgen propuestas desde las débiles fuerzas políticas de izquierdas situadas a la izquierda del PSOE en torno a estériles debates sobre lo que es más “nuevo” o “viejo” en política.

Esto es lo que ha ocurrido entre Izquierda Unida y Podemos, como también en buena parte de las plataformas unitarias que con más fortuna han permitido gobernar en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas. Izquierda Unida, es un partido que aúna a las fuerzas ligadas al movimiento obrero y al casi extinguido movimiento comunista, y en ese sentido, heredera de la transición del franquismo de 1978. Una fuerza considerada “vieja” por algunos “nuevos” por ser corresponsable del régimen hoy denostado por los movimientos sociales que eclosionaron en el 15-M, del cual son herederos Podemos, así como las Plataformas que gobiernan en Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza, Santiago…

Ante las próximas elecciones generales al Estado del 20D, Podemos ha rechazado ir conjuntamente con IU, por considerarla una formación asentada en “viejas” tradiciones de izquierdas (lucha de clases, obrerismo, antiimperialismo); además de haber formado parte de gobiernos locales o autonómicos en coalición con fuerzas políticas del establishment político español actual. Una actitud de desprecio que también se encuentra en muchas de las fuerzas que gobiernan ayuntamientos surgidas del movimiento 15M.

Una confrontación entre Podemos e IU que no presagia nada bueno, pues dividirá el voto y permitirá la recomposición de las fuerzas del régimen que se pretende derrocar y que éstas vuelvan a gobernar.
El debate entre lo viejo y lo nuevo es a mí entender irrelevante, pues entre las fuerzas emergentes que buscan nuevos paradigmas de transformación en lo “común”, como en las herederas del socialismo, hay mucho más en común de lo que ellos creen. Unos y otros soñaban y sueñan en grandes transformaciones para alcanzar más libertades, más igualdad y más justicia; y unos y otros no reparan en los medios para alcanzarlo. Así se desprende de algunas de las propuestas de Podemos y los Comunes. Prometen cambiar la sociedad mediante más participación democrática desde abajo. Pero una vez se ven cerca de los cielos, escogen lo contrario, ir de arriba abajo, escogen los candidatos a dedo, sin primarias y menospreciando la participación.

Por edad, yo mismo provengo de la tradición socialista y al inicio de los años 1980, precisamente por el desencanto que produjo la transición española de 1978, como el fracaso del proyecto socialista, algunos nos adscribimos a los entonces nuevos movimientos sociales, por cierto, hoy ya considerados viejos, ecologistas, pacifistas y feministas. Estos movimientos pusieron el énfasis en los medios, abandonando los fines, Mejor dicho, los medios eran los fines. Así las feministas se dedicaron a persuadir a los varones y se dedicaran al cuidado y a las tareas domésticas, y triunfaron, han conseguido más socialismo igualitario de género que todos los partidos de izquierdas juntos. Los ecopacifistas, entre los que me encuentro, con modestia, intentamos cambiar de paradigma, considerando que teníamos los medios para cambiar el presente, en cambio el fin pertenecía al futuro, quizás muy lejano. Leímos a Gandhi que nos decía que el fin está en los medios como el árbol está en la semilla, que añadía que la paz (la utopía) está en el camino. Es decir, que teníamos el poder de los medios para transformar en el día a día nuestros hábitos, que transformando las cosas de nuestro alrededor estábamos cambiado la sociedad y el mundo.

Claro que alguien alertará, que también se debe alcanzar el poder político de las instituciones para promulgar leyes que ayuden a consolidar las transformaciones, y en ese sentido, hay que echar a los políticos que lo impiden, en nuestro caso al Partido Popular. Tienen razón. Pero para ello se deben utilizar los medios más democráticos posibles para impedir nuevos desencantos entre aquellos que están trabajando en la transformación desde abajo, y en ese sentido, dejar que ellos participen en cómo llevarlo a cabo. Lo contrario es volver a errar y situarse en lo viejo que define a los partidos que se pretende combatir.