Opinion · Crónicas insumisas

¿Sin piedad?

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Francia está en guerra, el presidente François Hollande lo proclamó 72 horas después de los atentados. Prometió una respuesta despiadada contra estos ataques de guerra y ordenó incrementar los bombardeos sobre Siria e Irak.

Es verdad que hay una guerra, que alcanza muchos territorios de Oriente Medio, en especial Siria e Irak, es verdad que países como Estados Unidos, Francia, Turquía y Rusia bombardean ciudades y áreas controladas por el Daesh; también es verdad que Yemen está siendo bombardeado por Arabia Saudí. Pero la guerra no ha llegado a Europa, las ciudades de París, Londres o Madrid han sufrido atentados terroristas, pero Daesh no puede desestabilizar Europa, no puede generar el caos; Daesh no tiene capacidad para ello. Por ello declarar que estamos en guerra supone legitimar y aumentar la capacidad de poder y de fuerza de Daesh.

Las declaraciones políticas más difundidas han sido las de la fuerza, la de responder inmediatamente bombardeando la ciudad de Raqqa. Pero a diferencia de lo que ha ocurrido en Paris, no sabemos cuántas muertes, cuántos asesinatos se han producido, no sabemos cuántos heridos, cuánta gente se ha quedado sin casa, sin luz, sin agua o sin servicios médicos. Seguramente entre los muertos y heridos se encontraran miembros del Daesh, pero lo que es seguro es que la mayoría de las victimas serán civiles que no comparten las razones de la guerra, que viven allí porque no tienen capacidad  para desplazarse o para abandonar el país como refugiados.

Seguramente bombardear estas ciudades debilite la capacidad de Daesh de actuar dentro de Siria o Iraq, pero cuanto mayor sea la reacción militar europea, norteamericana o rusa más personas europeas y sirias o iraquíes se alistaran al Daesh, cuanto mayor sea la reacción islamofobica de los ciudadanos europeos, más felices haremos a los líderes del Daesh, más impulso y materia propagandística les damos. Para debilitar a Daesh hace falta trabajar la vía política y diplomática para buscar una solución global a los conflictos de toda la región, hay que cortar las fuentes de financiación, hay que controlar las ventas de petróleo que llevan a cabo, que ninguna empresa compre este petróleo, que los bancos cortocircuiten sus movimientos de capital y que el mercado negro de piezas arqueológicas señale como piezas dañadas de sangre las piezas de esta región.

Pero los terroristas eran jóvenes franceses o europeos, que por diversas razones han abrazado el radicalismo y el fanatismo. Daesh ha sabido capturar la rebeldía de ciertos jóvenes, su idealismo y su disposición para la lucha, utilizando estrategias sectarias, individualizadas, reclutando a jóvenes, logrando que sus problemas personales y los agravios que viven acaben encajando en una cuestión universal de persecución contra los musulmanes.

Abordar el terrorismo dentro de Europa tiene que incluir más trabajo que el puramente policial o judicial, abordar el terrorismo requiere enfoques contra la radicalización de los jóvenes. Lo primero que hay que hacer es entender cómo se produce la captación y desarrollar programas alternativos de des radicalización. Experiencias positivas de trabajo en esta línea ya tenemos, hace unos años se llevó a cabo un buen trabajo de romper las líneas de captación de las sectas y también se ha hecho un buen trabajo con las bandas de jóvenes como los Latin King o las maras. El reto está en elaborar una contra narrativa seductora sobre cómo cambiar el mundo.