Opinion · Crónicas insumisas

La OTAN contribuye al militarismo

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

En primer lugar, parece oportuno aclarar que se entiende por militarismo, pues este concepto conlleva a equívocos. Por militarismo se debe entender cuándo lo militar condiciona la política gubernamental, especialmente en política exterior, en el sentido que prima el uso de la fuerza, es decir, la tendencia belicista, a la solución política de los conflictos. También debemos considerar militarista la política que sin peligros y amenazas para el territorio y la población dedica esfuerzos ingentes a la adquisición de armamentos y a mantener unas fuerzas armadas sobredimensionadas, hechos que van en detrimento del bienestar de la población al restar recursos para el desarrollo humano. Vistas así las cosas, los militares deberían ser los más interesados en declararse antimilitaristas.

Entonces, en el 30 aniversario del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN resulta adecuado preguntarse cómo influye este organismo en el militarismo europeo y mundial.

Una de las influencias negativas que ejerce la OTAN sobre Europa es la existencia de los intereses creados incrustados en su estructura militar: el llamado «complejo militar industrial» que tanta influencia ejerce sobre las políticas de los gobiernos en temas relacionados con el aumento del gasto militar, la carrera de armamentos, el militarismo y el comercio de armas o la utilización de la fuerza armada para resolver los conflictos, así como las secuelas negativas que estos factores ejercen en el desarrollo económico y social tanto de Europa como del resto del planeta.

La presencia del lobby industrial se constata en la sede de la OTAN en Bruselas, donde todas las grandes industrias de armamento de Europa y Estados Unidos tienen abiertas delegaciones en la misma sede de la OTAN, para poder así ejercer sus influencias sobre este organismo en favor de sus intereses particulares.

Estados Unidos, como primera potencia militar mundial, ejerce continuas presiones sobre los países miembros de la OTAN para que aumenten su gasto militar, pues según EEUU, las capacidades militares del resto de países de la OTAN no están suficientemente dotadas para hacer frente a la defensa de los intereses del bloque militar allí donde se encuentren amenazados. El incremento del gasto militar de esos países les permitiría participar en mejores condiciones en misiones en el exterior y reduciría la dependencia de los países europeos de la OTAN respecto de EEUU. Estas presiones se hicieron patentes en el compromiso adquirido por todos los países de la OTAN en la Cumbre de Gales de septiembre de 2014, en la cual se acordó aumentar el gasto militar hasta alcanzar el 2% del PIB de los miembros de la OTAN en un máximo de diez años. En este aspecto, hay que constatar, que de llevarse a cabo esta medida, el gasto militar de los estados miembros de la OTAN (que en 2014 fue de 880.683 millones de dólares, el 50% del total de gasto militar mundial) superaría el billón de dólares. Un gasto que no se corresponde con la proporción entre la población de los países de la OTAN y la población mundial, pues mientras que la población de los países de la OTAN es un 12,6% (917.120.000 habitantes) respecto de la mundial, el gasto militar de estos países corresponde al 50% del gasto mundial.

Considerando que EEUU utiliza a la OTAN como organismo de control mundial, esa colosal cifra de gasto militar es muy lejana a la de los países que compiten en geopolítica con EEUU. Así, en 2014, Rusia gastó 91.694 millones de dólares y China 190.974 millones. El gasto militar de la OTAN sin duda empuja a esas otras potencias y a otras emergentes a una escalada de armamentos que augura un mundo mucho más conflictivo.

Entonces, podemos concluir que la OTAN es un organismo que influye en el aumento del gasto militar en detrimento del desarrollo, tanto de la economía productiva, aquella que tiene como destino la producción de bienes de consumo, las armas no lo son; como del desarrollo humano, que está ligado al bienestar de las personas, salud, educación, medio ambiente, vivienda y trabajo. Alguien añadirá que las industrias militares y los ejércitos también crean empleo. Sin duda, pero los ejércitos destruyen economía productiva, pues la inversión necesaria para la creación de un puesto de trabajo en la industria militar es tres veces superior que en la industria civil, así lo demuestran diversos estudios llevados a cabo en centros internacionales como el BIC de Bon (Alemania) o en el SIPRI de Estocolmo.

No cabe la menor duda que la OTAN es una de las causas principales del militarismo mundial.