Opinion · Crónicas insumisas

Refugiados, vergüenza histórica

Tica Font
Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

2016 ostenta el récord de número de refugiados e inmigrantes que arriesgan su vida intentando llegar a Europa, lo que conlleva tragedias humanas continuas tanto en fronteras terrestres como en marítimas cruzando el Mediterráneo. El origen de este drama humano hay que buscarlo en las guerras y en las políticas que imponen barreras en las fronteras.

La mayoría de las personas que están apostadas en diversas fronteras intentado llegar y entrar en Europa huyen de la guerra de Siria, Iraq, Afganistán, Yemen, Eritrea o Somalia; guerras en las que diversos países de la UE han intervenido militarmente, se han involucrado a fondo para derrocar gobiernos no afines y sustituirlos por gobiernos dóciles a los intereses occidentales para que acaten los dogmas del libre mercado y elecciones representativas.

Desde 2003 la UE ha incluido como amenaza a la seguridad, a “nuestra” seguridad, los estados fallidos y el cambio climático, en tanto que estos dos factores pueden provocar oleadas migratorias que pueden llegar hasta nuestras puertas. En definitiva, las migraciones son concebidas como un peligro al estilo de vida de los europeos ante el cual hay que protegerse. En ese sentido, uno de los proyectos de la UE que ha recibido el impulso más importante de todas estas nuevas plataformas fue FRONTEX (2003), la agencia de control de fronteras de la UE. El resultado ha sido la militarización de las misiones que este organismo lleva a cabo contra la inmigración. Especialmente en el área de la Mediterráneo, zona considerada como la “primera línea de defensa” de las fronteras de Europa. Frontex desarrolla misiones policiales, aéreas y navales de intervención rápida, equipadas con material militar pesado, aviones y helicópteros de combate y buques de vigilancia marítima. Objetivo: que los inmigrantes no lleguen a Europa. Aunque publicitariamente de vez en cuando nos muestren un barco militar, de la policía o de la guardia civil recatando refugiados en alta mar, su tarea no es de salvamento marítimo, su misión es impedir que los refugiados lleguen a las costas europeas.

En todos estos años los principales esfuerzos humanos y económicos de la UE se han centrado —y se siguen centrando— en proteger las fronteras, mediante vallas y alambradas, crear instalaciones de concentración y detención de inmigrantes (como los CIES), criminalizar el tránsito de las personas que cruzan las fronteras y devolver a los refugiados e inmigrantes a países cercanos a Siria. Para que no lleguen se han creado fondos de ayudas económicas a países como Turquía, Jordania o Líbano, que recibirán ayudas económicas y créditos si crean campos de refugiados en sus países e impiden que lleguen a Europa. Pero la hipocresía e insolidaridad llega hasta ciudades como Oberwil-Lieli (ciudad suiza), que pagará para no acoger refugiados, pagará para que los refugiados no estropeen la belleza de su pueblo.

Hasta ahora el tema de los refugiados se ha abordado en términos de seguridad, pero lo que está en juego no es la salvaguarda del estilo de vida europeo, lo que está en riesgo no es continuar siendo ricos, lo que está en juego son los valores y principios básicos europeos como los derechos humanos. En sentido pragmático, las previsiones de Eurostat indican que en los próximos 50 años Europa necesitará 50 millones de nuevos trabajadores, se necesitarán 50 millones de emigrantes para trabajar y mantener el nivel de riqueza. Sin embargo, todo lo que se hace es crear agencias y planes para impedir que lleguen inmigrantes o refugiados.

Hay que vencer el miedo, estos refugiados no nos van a dejar sin trabajo, no nos van a dejar sin recursos en los servicios sociales y no son yihadistas que vienen a hacer la guerra. No hay que permitir que el debate migratorio sea un debate sobre seguridad. No hay que hablar de “nuestra” seguridad contraponiéndola a “su” seguridad. La seguridad es de todos, la seguridad ha de ser compartida o no es seguridad.

La política que se está llevando a cabo para impedir que los refugiados encuentren asilo y un poco de paz en nuestros territorios será una lacra que perdurará en la historia. Dentro de unos años no podremos decir que no lo sabíamos, la vergüenza pesará por generaciones en nuestras conciencias.