Opinion · Crónicas insumisas

Obama: el imperio nos visita

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

En 1959 el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, visitó España. Vino a dar su apoyo a la dictadura del general Franco y a ratificar el acuerdo alcanzado seis años antes, en 1953, entre ambos países, según el cual la dictadura franquista concedía permiso para instalar cuatro bases militares en España: Rota, Morón de la Frontera, Zaragoza y Torrejón de Ardoz. Entonces, en plena Guerra Fría, la cesión obedecía al interés de Estados Unidos de utilizar un territorio estratégico en el sur de Europa como plataforma frente a la URSS. Estados Unidos escogió España a pesar de su gobierno fascista porque pensaba que Franco sería un súbdito fiel. Así fue.

Desde entonces España se convirtió en un firme vasallo de Estados Unidos. Con la llegada de la democracia en 1978 se dijo que las cosas cambiaron. No excesivamente. En 1988 se firmaba un nuevo Acuerdo Bilateral y dos de la bases, Torrejón de Ardoz y Zaragoza, se restituían a España. Se reducía, además, la presencia de efectivos militares estadounidenses. Ese Acuerdo Bilateral fue modificado en diversas ocasiones: 2002, 2012 y 2015. El Gobierno de Rodríguez Zapatero permitió a Estados Unidos instalar en la base de Rota (Cádiz) el conocido Escudo antimisiles: cuatro destructores portadores del sistema Aegis para interceptar misiles, además de la capacidad de llevar a cabo guerra antiaérea y antisubmarina. Escudo antimisiles que, una vez alcanzado el acuerdo nuclear con Irán, sólo podía tener como objetivo el único país con el que Estados Unidos y la OTAN mantienen hostilidades y capaz a su vez de lanzar misiles: Rusia. Este país ha servido de perfecta excusa para relanzar a la adormecida OTAN.

En 2015 el Acuerdo Bilateral se volvió a modificar, esta vez bajo el Gobierno de Rajoy y el beneplácito del PSOE, para permitir que en la base de Morón de la Frontera (Sevilla) se instalara el comando Africom, fuerza especial destinada a combatir el yihadismo en África y proteger el personal e instalaciones de Estados Unidos en ese continente. Este acuerdo permitía ampliar la presencia de marines estadounidenses hasta los 2.200, aunque ese número podría llegar hasta los 3.000, tantos como los hubo en  la dictadura de Franco.

Y ahora llega Barack Obama. Primero va a Varsovia, a la cumbre de la OTAN, dónde confirma que esta alianza militar debe proteger a Europa frente a las agresiones de Rusia. Cuando lo cierto es que Rusia ha visto cómo en sus fronteras se instalaba la OTAN. Luego Obama viene a España, visita la base de Rota y al presidente Rajoy y le dice a éste que España es el aliado más firme y seguro con que cuenta Estados Unidos en Europa y lo importante que son las bases de Morón y Rota en la defensa de la paz en Europa, África y el mundo. Rajoy se siente orgulloso ante esa proclama y, se supone, solicita a Obama mayor efectividad en la lucha contra el yihadismo presente en Libia y el Sahel pues puede afectar a España (mencionado por el ministro de exteriores Margallo en la cumbre de la OTAN).

Tras este encuentro debemos temernos lo peor. El grave conflicto interno que vive hoy Libia (hay que decirlo, provocado por los países de la OTAN) puede convertir a ese país en una nueva Siria y contagiar a otros países del Sahel (como ya ocurrió en Malí). Si la seguridad de España en relación al Norte de África y el Sahel queda en manos de la OTAN, hay que temer que habrá incursiones militares o vuelos de drones desde la bases de Morón y Rota para matar supuestos terroristas, que en ocasiones serán inocentes civiles. Esto puede provocar lo peor: que España se convierta en objetivo de ataques yihadistas como ya ocurrió desgraciadamente hace diez años en Atocha.

Utilizar intervenciones armadas para solucionar conflictos no es una buena solución, pues los ejemplos de Afganistán, Irak, Libia o Siria no han aportado mayor seguridad, sino al contrario, han creado mayor inseguridad. La seguridad debe buscarse por otros medios. No porque lo diga un servidor, sino porque lo dicen múltiples informes de la ONU o los Centros de prevención y de resolución de conflictos repartidos por toda la geografía mundial.

Se avecinan malos tiempos para la lírica (dixit Bertolt Brecht)