Opinión · Crónicas insumisas

Pobreza y obesidad

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz

Los medios de comunicación con mucha frecuencia abordan problemas como el de la obesidad tanto en adultos como su creciente desarrollo en niños y nos recuerdan enfermedades relacionadas en ello, diabetes o problemas cardiovasculares. Destinan espacios a recordar que no hay que beber bebidas azucaradas, que hay que comer más verduras y frutas frescas y realizar ejercicio físico.

En nuestro imaginario todavía predomina el pensamiento que el hambre es un problema de gente pobre y la obesidad lo es de gente rica. Parte de este juicio es erróneo; en el mundo dos tercios de las personas obesas o con sobrepeso viven en países con ingresos bajos o medianos, la mayoría de estos son países emergentes y con las economías de transición; países que tienen que hacer frente a los problemas de salud ocasionados por enfermedades relacionadas con la obesidad junto con los problemas de salud derivados de la subnutrición.

La contradicción obesidad hambre se está agudizando cada vez más, por ejemplo, en India la malnutrición atacaba a las familias más pobres al mismo tiempo que es el país que tiene más diabéticos del mundo. En Europa hay muchas familias que no saben si va a poderse pagar la próxima comida mientras que los estantes de les supermercados están rebosantes de comida y el número de personas que sufren enfermedades relacionadas con la alimentación aumenta.

Que cada vez viva más gente en zonas urbanas, junto con una mayor implantación de la industria agroalimentaria y de sus comidas en cualquier parte del mundo, ha comportado cambios en la dieta que incluye un aumento del consumo de los carbohidratos refinados, grasas y aceites procesados. Estos cambios de la dieta en los países en vías de desarrollo y con la intrusión de los alimentos procesados han provocado un aumento de las tasas de sobrepeso y obesidad.

Uno de los efectos perversos de la manera en que nos llega la comida a mesa, a través de la agroindustria, consiste en que ahora existe la posibilidad de que sufran obesidad personas que no tienen los recursos necesarios para comprar alimentos de calidad. A lo largo de todo el planeta los pobres que no podrán permitirse el lujo de comer bien, porque no tienen recursos económicos suficientes, acabarán comiendo bajo la influencia de la publicidad y serán los que más sufrirán los problemas de sobrepeso y de obesidad. En los EE.UU. hay más sobrepeso en la comunidad afroamericana y latina que entre la comunidad blanca. El sobrepeso y la subnutrición afectan mayoritariamente a las personas con menos recursos económicos.

Los estudios sobre la obesidad centran las causas de esta en los individuos y no en la sociedad, la mayoría de estudios apuntan a las malas elecciones de los alimentos, a que determinados colectivos de personas comen demasiado de unos determinados productos elaborados y poca comida fresca; pero hacen poca mención a las largas jornadas laborales, al poco tiempo que se dispone por comprar, cocinar, atender la casa, etc.

Individualizar la culpabilidad comporta individualizar la respuesta; de esta manera se propone ir al gimnasio a quemar grasas y hacer dietas bajas en calorías. Para impulsar estas respuestas aparece la industria del fitnnes y la industria de las dietas; las dos industrias son un gran negocio que mueven más de 100.000 millones de dólares cada una al año; a estas dos industrias se ha unido la industria farmacéutica, que trata de medicalizar la obesidad y la industria alimentaría que produce alimentos con menos azúcar o menos grasas. La última versión es la alianza entre la industria de la alimentación y la farmacéutica producido alimentos con beneficios médicos incorporados (bebidas tipos yogures para el colesterol, presión alta, aumentar las defensas,…). Para tomar conciencia de los lazos de este problema y la relación con las empresas solamente debemos mirar quienes hacen negocio con la obesidad y después propone una solución a la misma. Nestle fabrica chocolate y en el 2006 compró la marca de productos adelgazantes Jenny Craig o la Coca cola que fabrica refrescos adictivos (con azúcar y cafeína) y al mismo tiempo vende agua. Al fin y al cabo es la misma trampa que atrapa los agricultores, la multinacional Monsanto fabrica semillas de soja que incorporan un mecanismo genético que produce el pesticida RoundUp que él mismo fabrica.

En definitiva hay más dietas individuales para perder peso que respuestas sociales y colectivas al problema.