Opinion · Crónicas insumisas

El futuro de los ejércitos

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

La realidad, aunque no guste a los defensores de los estados como única posibilidad de gobernanza, es que los ejércitos están perdiendo la función básica para la que fueron creados, disuadir de un ataque exterior y proteger territorio y población. Esta es una realidad palpable si se observan los 32 conflictos armados hoy existentes en el mundo, donde las guerras entre estados han desaparecido y éstas son interestatales, aunque, eso sí, de carácter internacional, por la presencia de múltiples estados en apoyo de los diferentes actores que en ellas intervienen.

Así, hay regiones del mundo donde la posibilidad de guerras es prácticamente inexistente. Por ejemplo, en el conjunto de Europa occidental y de la Unión Europea ha desaparecido toda posibilidad de una guerra entre los estados miembros. En Sudamérica, una región pacificada, donde, a parte de Colombia que sigue sufriendo una violencia extrema en su interior, las rivalidades entre estados son prácticamente nulas. No digamos en Oceanía, donde no parece posible que surja ningún conflicto entre los microestados allí existentes, muchos de ellos sin ejército, o entre las dos potencias regionales de Australia y Nueva Zelanda.

De ahí que el gran debate pendiente actual en los estados, es qué hacer con los ejércitos extensivos. Para qué los países miembros de la UE necesitan en su conjunto 1.350.000 militares y en Sudamérica 1.200.000. Un debate, que aunque no se aborde de manera pública, los gobiernos de muchos países contemplan. Temor derivado de la oposición que generaría en las fuerzas armadas al ver sus puestos de trabajo en peligro, sobre todo de los altos mandos, que verían como se esfuman los privilegios que les otorga el ser los máximos exponentes de tener en sus manos la hegemonía de la violencia del estado.

Pero la realidad del mundo actual es la que es. Los avances tecnológicos en el desarrollo de nuevas tipologías de armamentos, como los aviones no tripulados, la robótica, la utilización del láser, la guerra electrónica, ataques cibernéticos… Hace disminuir la utilización del número de tropas en los conflictos. A lo que se debe añadir, que sólo las grandes potencias que en sus megalomanías de buscar la hegemonía en su potencial militar, EEUU, Rusia, China. O aquellas que mantienen una presencia postcolonial en ámbitos geográficos alejados de sus metrópolis, como Francia y Reino Unido. O las que pretenden serlo a nivel regional y se enfrentan entre sí para conseguirlo, como Turquía, Arabia Saudí, Irán, Israel en Oriente Medio. O las que se enfrentan entre sí por conflictos territoriales del pasado, como India y Paquistán o las dos Coreas.

Mientras que, por otro lado, los estados sin conflictos, pero con compromisos en alianzas militares como OTAN, o internacionales como ONU, o regionales, como UE, deben enviar militares en intervenciones, pero que desde luego son de muy reducido número en comparación con la dimensión de sus fuerzas armadas. Por ejemplo España, no envía más de 3.000 militares en sus misiones al exterior. Entonces, volvemos a la pregunta inicial, ¿Por qué mantener unos ejércitos extensivos?

De ahí, que algunos estados, como en el caso español, se hayan creado cuerpos que se dedican llevar a cabo misiones de carácter civil al cuidado de la población. Ese es el cometido de la Unidad Militar de Emergencias (UME), prestar ayuda en caso incendios, inundaciones, terremotos y otras catástrofes naturales. ¿Es esa su función? Sin duda que no, pues eso lo deberían llevar a cabo cuerpos de protección civil y no militares. Pero cómo no se sabe qué hacer con los 120.648 militares existentes en 2018, se los entretiene en funciones de carácter civil, apagando fuegos y otras misiones de salvamento frente a catástrofes naturales, a la espera de que algún gobierno del futuro aborde una cuestión tan polémica como sería reducir el número de las FAS o eliminarlas.

Si, eliminarlas, pues esto sería posible el día que la comunidad internacional se disponga a reformular Naciones Unidas y otorgarles el papel que les otorga su Carta fundacional, ser los garantes de la paz mundial, y para ello disponer de un cuerpo de seguridad propio que posibilitaría que los estados disolvieran los ejércitos nacionales: La paz perpetua que pronosticaba Kant.

Hoy en el mundo se gastan 1.740.000.000.000 de dólares y en España 20.000 millones  de euros. ¿Qué podríamos hacer con tan ingentes sumas de dinero? Dejo las respuestas al lector.