Opinión · Crónicas insumisas

Ecofascismo y militarismo

Pere Ortega, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

Dos causas suponen un peligro vital para la supervivencia de la vida en el planeta. Uno es el cambio climático causado por la acción humana sobre los ecosistemas, con efectos como la emisión de gases invernadero, sobreexplotación de los recursos no renovables, contaminación de las aguas, merma de la biodiversidad que provocan catástrofes medioambientales, sequías, huracanes. Unos y otros que, con el paso del tiempo se intensificarán hasta el extremo de crear grandes conflictos humanos.

La segunda gran causa que pone en peligro a la humanidad son las armas nucleares. Un peligro un tanto olvidado, pero que está ahí, en manos de nueve gobiernos, que pueden utilizar como medio para amedrentar al resto de países del mundo. Un peligro que en manos de esos gobiernos se convierte en una amenaza para la supervivencia. Esto viene al caso por la actitud amenazante de Donald Trump de anunciar la ruptura del (Intermidiate Nuclear Forces), firmado entre Ronald Reagan y Mijail Gorbachov en 1987. Tratado que alejó del suelo europeo la posibilidad de una guerra nuclear, pues hasta entonces, las dos potencias habían instalado misiles nucleares, de corto y medio alcance (de 500 a 5.500 km), a ambos lados de la frontera que dividía Europa durante la Guerra Fría. Si ese acuerdo se rompe, la amenaza nuclear volverá a Europa.

Esta amenaza tiene su causa en el afán de dominar, otros dirán controlar, la geopolítica mundial, y así extraer beneficios para sus sistemas de vida, que en todos los casos son de capitalismo. Pero ya es sabido, que los capitalistas rivalizan entre ellos, y llegado el caso, también se hacen la guerra. Así, Estados Unidos amenaza a Rusia y China. Y estas dos, responden con alianzas para responder con sus mismas armas a Estados Unidos y a sus aliados. Y en este sentido, todos ellos, llevan a cabo un reforzamiento de las capacidades militares de sus potencias, convirtiendo sus fuerzas armadas en un bastión ofensivo y defensivo (ambos a la vez) frente al resto de potencias con quienes rivalizan por el control recursos y mercados.

Es decir, hay un militarismo creciente en las grandes potencias que amenaza la supervivencia humana en el planeta.

Pero la amenaza del cambio climático y la competición por el control de los recursos, agua, minerales, hidrocarburos, tierras cultivables, también está emparentado directamente con el militarismo de las grandes potencias. Pues no se debe olvidar que, para el control de esos recursos, o para mantener los efectos secundarios del cambio climático, sequías, falta de agua, aumento del nivel del mar, derivaran en conflictos internos en muchos países, y a su vez, en masivas migraciones hacia los países enriquecidos. Los cuales, ya están en alerta, y entre los peligros a su seguridad, como rezan documentos oficiales, hacen constar, el cambio climático, las sequías, las pandemias y las migraciones, y arbitran como respuesta, fortalecer sus fronteras con mayor presencia de fuerzas policiales y militares. Ahí están la proliferación de muros, policías fronterizas y especialmente las fuerzas armadas militares patrullando por tierra, mar y aire.
Por tanto, se están militarizando las respuestas entre los países enriquecidos que compiten por el control de la hegemonía mundial. Y a su vez, militarizan las causas que su modelo económico provoca sobre los países empobrecidos.

Esto lo podemos denominar como ecofascismo, pues puede convertir como norma de gobierno en los países enriquecidos, el autoritarismo, el recorte de libertades y la intolerancia, especialmente hacia los diferentes, es decir, los migrantes. Todo ello para conservar un estilo de vida a cuesta de la mayoría empobrecida de la población mundial. Un ecofascismo que necesitará de un militarismo cada vez más beligerante para mantener los privilegios de las élites que hoy gobiernan el mundo.

Si no ponemos remedio, el mundo orwelliano está ahí.