Opinion · Cuarto y mitad

Nos sobran los motivos

Mi facultad no puede sustituir a un profesor enfermo porque no hay presupuesto. Los pisos de acogida para  mujeres objeto de violencia machista están saturados y desvían los casos más urgentes a hoteles, por los que se abona cantidades desmesuradas cada mes (Ver aquí). Catalunya es la comunidad que más órdenes de protección deniega, llegando en algunos partidos judiciales al 70%.

No creo que haga falta decir que la precariedad laboral se ceba sobre todo en la población joven, que además está sobrecualificada y tiene que desempeñar trabajos muy por debajo de su preparación, o ha de salir del país para buscarse la vida.  La lista de espera para intervenciones quirúrgicas en la sanidad catalana es de 111 días, y se ha incrementado desde que Torra fue designado President de la Generalitat. El Parlament está bajo mínimos desde 2017, funcionando a base de decretos de los que apenas si se habla y proyectos de ley que permanecen en el limbo.

Lo que quiero decir con ello es que a la ciudadanía de Cataluña le sobran los motivos para estar descontenta.  Toda esa frustración contenida se desata, sin embargo, al hacerse pública la sentencia de los condenados por el procés (oficializado en 2015 cuando JxSí vende como un gran triunfo electoral  lo que no fue más que una modesta victoria ) que sirve de tapadera para ocultar todos los problemas que se arrastran desde que la política se centró, monotemáticamente, en la tierra prometida que iba a representar la independencia exprés.

Cuando veo a toda esa juventud lanzada a la calle, quemando contenedores y enfrentándose con la policía no puedo dejar de pensar en la táctica de los ejércitos, que utilizan a los soldados como carne de cañón mientras los gerifaltes se fuman sus puros en los despachos alfombrados. Cómo me gustaría ver a los políticos y políticas independentistas, los empresarios independentistas, los y las dirigentes que han diseñado la propaganda independentista, a todas esas clases medias independentistas frustradas tirando piedras a los mossos d’esquadra, defendiendo con uñas y dientes su república. Qué espectáculo ver a la sociedad bienestante catalana corriendo delante de la policía,  especialmente todos cuantos han incendiado las ideas antes que la juventud incendiara la ciudad.

Pero no, toda esta gente deja las barricadas a estudiantes y jóvenes, para que defiendan con sus cuerpos reales el engaño que otros han urdido con sus fantasías. A la gente joven le sobran las razones para salir a la calle, pero mucho me temo que han errado los motivos.