Opinion · Cuarto y mitad

Estándares de otra época

Sí, Plácido Domingo y el futbolista de la Arandina tienen razón cuando afirman que hace 30 o 15 años lo que ellos han hecho no era relevante. El jugador afirma que hace 15 años en lugar de haber sido condenado por agresión sexual a una menor estaría jugando al parchís en su casa, tranquilamente. Y ya sabemos que antes de iniciar la ofensiva que Domingo puso en marcha para contrarrestar sus anteriores declaraciones, había afirmado que los “estándares” con los que se medían los comportamientos sexuales eran otros.

Ambos, naturalmente, se consideran inocentes, caballerosos, galantes y dignos, con lo cual al mismo tiempo están llamando mentirosas, pérfidas, aprovechadas y manipuladoras a las mujeres que les han denunciado. En el caso de Plácido Domingo al menos 20 mujeres, mas otros tantos testimonios de diferentes posiciones en el mundo de la música mienten. En el caso del jugador, el hecho de que la chica fuese menor de edad no reviste ninguna trascendencia, y que fueran 3 hombres contra una tampoco.

Los dos vienen a decir lo mismo: que no han hecho nada reprobable, o peor aún, que no tienen la menor conciencia de haber incurrido en delito de violación o en acoso sexual. Y es que la violencia contra las mujeres ha sido un mecanismo tan naturalizado que muchos hombres se preguntan cómo es posible que lo que hace apenas unos años era un derecho, una prerrogativa masculina, algo de lo que incluso podían alardear, hoy les cueste la condena social, el oprobio o la cárcel.

Lo más penoso, lamentable y triste es la condescendencia e incluso la defensa acérrima por parte de sectores sociales o entornos familiares, que lejos de demostrar algún tipo de reproche hacia los afectados, les defienden y aún son capaces de desprestigiar a las víctimas, como esa actitud de los familiares de J.J. Arreola, empeñados en defender la memoria del escritor incluso en contra de la evidencia de que no solo Elena Poniatowska declara que fue violada, sino que también otra escritora, Tita Valencia, lo acusa de maltrato. ¿Qué buscan estas brujas ahora? Se preguntan muchos, ¿por qué sacan a la luz una actitud nimia, algo sin importancia, tantos años después?

¿Qué interés espurio pueden tener las mujeres que acusan a Plácido Domingo? ¿La menor que afirma que fue violada? ¿Elena Poniatowska, que tiene 87 años, Tita Valencia, que tuvo que renunciar a la escritura vapuleada por los colegas? Pues buscan reparación, reconocimiento, bálsamo para el dolor tanto tiempo silenciado, contribuir a que no se vuelva a considerar a los culpables como víctimas y a las víctimas como culpables. Unirse a la voz unánime de las mujeres del mundo que gritan que se acabó la impunidad. Que la culpa no era de ellas, ni dónde estaban ni qué hacían. Que se sepa y se difunda: los violadores eran ellos.