Cuarto y mitad

El género y el timo de la estampita

El feminismo es el único movimiento social y político que desafía realmente el orden establecido, precisamente porque va a la raíz del problema: la desigualdad que nace de la división sexual de la especie humana. Todo lo demás se erige a partir de esta primera y primaria diferencia. El edificio cultural que hemos construido descansa en esta universal división. Todos los demás ejes de desigualdad, que son muchos y diversos, están atravesados por esta primera realidad, pues la división sexual está presente y sostiene todas las demás: la raza o etnia, la clase, la edad, las capacidades o la procedencia territorial.

Una evidencia histórica que hay que difuminar, si hace falta, creando teorías disparatadas, promoviendo la división, fomentando la rivalidad, disgregando el movimiento en multitud de grupúsculos cada uno luchando por su particularidad, sin reparar en que hay una división general que procede del hecho de haber nacido en una especie sexuada en dos (y no cuatro o cinco, como pretenden quienes alimentan despropósitos interesados).

El "sexo es el destino" que decía Napoleón, se ha trocado en nuestros días en "el género es destino", y ahí están ahora muchos interesados – con la ayuda inestimable de grupos de incautas y bienintencionadas – tratando de convencernos de que ya nacemos con una identidad inmutable, de que nuestro cerebro es masculino o femenino desde nuestro nacimiento y de que tenemos que acomodar nuestro cuerpo al "género sentido", aunque ello signifique atiborrar a las criaturas de píldoras y drogas para bloquearles el desarrollo corporal.

Cualquier estupidez menos poner en cuestión que la sociedad ha construido un inmenso edificio cultural basándose en la evidencia de que la especie humana se divide en machos y hembras, y que ha jerarquizado los sexos atribuyéndoles artificialmente a los primeros la autoridad y el poder, y a las segundas la sumisión y la dependencia (con todas las excepciones que se quiera).

Pero como ese invento ya no funciona, ahora hay que poner en circulación sofisticados timos de la estampita para seguir convenciendo al personal de que si no existe el sexo no puede existir la desigualdad sexual; y que como todes somos igualas el mundo está poblado no de hombres y mujeres, sino de seres vivientes indiferenciados que conviven en igualdad. A unos les da por defender que la tierra es plana, y a otros por negar el patriarcado y su sistema de dominación. Yo no sé ustedes, pero yo tengo muy claro cual de las dos posturas es peor.