Cuarto y mitad

Ya no soy feminista

Como soy blanca, europea y desclasada (porque ya no pertenezco a la clase trabajadora, pero tampoco soy clase media ni alta, nacer en una familia de jornaleros hace difícil la ubicación) pero tampoco soy racializada, puta, trans ni lesbiana, aunque todo podría andarse, y mi discapacidad sólo es de un 33%, digo que según los estándares actuales (que diría Plácido Domingo) ya no estoy legitimada para formar parte del movimiento feminista. Tampoco soy antiespecista, ni anticapacitista, signifiquen estas palabras lo que signifiquen, pues la verdad es que ignoro lo que quieren decir.

No importa, porque hoy todo el mundo es feminista, lo era incluso el programa de la Isla de las Tentaciones, según su presentadora, Mónica Naranjo. Así que nadie me va a echar en falta, ni el mundo se va a hundir porque haya una feminista menos en él. Por otra parte, no es coherente seguir siendo parte de un movimiento que puede afirmar una cosa y la contraria a la vez: defender la prostitución y su abolición al mismo tiempo; considerar la gestación subrogada algo aceptable a la vez que se pide su prohibición.  Definir el género como algo innato de las personas y querer abolirlo por ser una construcción social.

Yo no estoy para estos juegos malabares, la verdad. Cuando el feminismo era una teoría política y un movimiento social favorable a la igualdad entre hombres y mujeres, que luchaba porque las mujeres de todo el mundo fuesen consideradas sujetos de pleno derecho e individuos con capacidad para llevar a cabo su propio proyecto de vida, me consideraba feminista, y aporté mi granito de arena durante los años 70, 80 y 90 en diferentes formas: en la calle, escribiendo, organizando actos, y hasta dirigí una publicación que se llamaba Dones en Lluita (Mujeres en Lucha).

Pero como ya no se sabe quienes son las mujeres –porque hoy puede serlo cualquiera, aunque tenga pene, barba y bigote– los hombres pueden gestar, abortar y ser el sujeto del feminismo, y las antiguas mujeres han transmutado en "personas gestantes", "personas con vagina" o "personas menstruantes", pues la verdad es que ya no me siento parte de esta cofradía.  Seguro que los hombres y los nuevos sujetos políticos del feminismo lo van a hacer genial, y van a conseguir lo que más de veinte siglos de patriarcado no ha conseguido: no solo que las mujeres sigan subordinadas, sino que desaparezcan del mapa.  Enhorabuena.