Cuarto y mitad

Censura retroactiva

Hace un tiempo saltó la polémica porque la biblioteca de un colegio retiró  cuentos infantiles tipo Caperucita Roja por sexistas.  Hace unos días el tema vuelve a surgir con la retirada de una plataforma digital de la película Lo que el viento se llevó o la serie Little Britain por el tratamiento que se daba a las personas negras.

¿Debemos revisar todo el acervo cultural que nos ha precedido para adecuarlo a la sensibilidad actual? ¿Se debería eliminar todo tipo de producción de cuyo planteamiento se desprendiesen posturas sexistas, racistas, homófobas, etc.?

Yo creo que ni es posible ni es deseable. Censurar de manera retrospectiva todo tipo de producción cultural o intelectual que entre en contradicción con los valores que hoy consideramos correctos significaría eliminar más del 90% de la historia cultural e intelectual, empezando por los filósofos griegos, siguiendo por los escolásticos, los ilustrados e incluso los revolucionarios: qué vamos a decir de Rousseau, que consideraba que el papel de las mujeres era hacerle agradable la vida a los hombres. ¿Y los pintores? No solo podrían ser acusados de sexistas, con todas esas mujeres desnudas y a veces raptadas y maltratadas, sino también de anti animalistas, (recordemos que la Universidad de Cambrigde retiró un cuadro que ofendía a los veganos) o de belicistas.

Y si hablamos de literatura, desde las tragedias clásicas, pasando por la Ilíada, la Odisea, más todo lo que vino después, con retratos crudísimos de violencia contra mujeres y niñas, por no citar la ya a veces controvertida Lolita. Y si nos referimos al cine, la música más actual, los cómics, los videojuegos… en fin, si hasta los Beatles tenían una canción que aconsejaba a una chica que desapareciera de su vista si quería salvar su vida. ¡Si eliminásemos todo lo que atenta contra los valores culturales vigentes hoy día, qué poco temario quedaría en los programas docentes!

Pero es que, además, por mucho que eliminásemos todos estos productos culturales insertos en un contexto social diferente del actual, no eliminaríamos el racismo, el sexismo, la violencia o la homofobia. Antes al contrario, sería esconder, ocultar, blanquear, como se dice ahora, el pasado que ha conformado, nos guste o no, nuestro presente.  Lo que hay que hacer es fomentar el sentido crítico, contemplar todos esas creaciones filosóficas, literarias, pictóricas, cinematográficas y musicales con espíritu analítico, contextualizando el momento histórico en que fueron creadas, viendo cómo han sostenido el edificio cultural e ideológico de la organización social y, de este modo, justificado todo tipo de desigualdades entre los seres humanos.

No podemos cambiar el pasado, tampoco el cultural, tenemos que analizarlo críticamente para que podamos entender cómo aberraciones culturales pasadas han llegado a parecer naturales y aceptables. Lo que sí podemos cambiar es cómo nos enfrentamos a la creación en el presente para legar obras que no tengan que ser censuradas en el futuro.