Cuarto y mitad

Ley trans: ¿decisión personal o revolución?

¿Saben qué les digo? Que a ver si aprueban ya la dichosa ley trans a ver si así se resuelve el que parece ser el mayor problema que actualmente tiene la sociedad, a juzgar por el ruido que genera el tema, sobre todo en las redes sociales. Ciertamente es de admirar que una problemática que afecta a un colectivo tan pequeño (según cálculos generosos de la ONU  se trataría de entre un 0,3% y un 0,6% de la población) se haya erigido en el centro de la agenda política y social, y haya concitado el apoyo casi unánime de universidades, medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, asociaciones, grupos feministas, instituciones de todo tipo, etc.

No puedo por menos que preguntarme cómo se ha producido este fulgurante ascenso de un tema del que hasta hace unos cinco años ni siquiera se hablaba. Y me respondo que las causas de esta aparente unanimidad en la aceptación de la denominada autodeterminación de género, se debe a lo siguiente:

1º. Un miedo insuperable a ser tachado de tránsfobo/a o TERF, insultos que sobre todo en la pira de Twitter han venido a sustituir al más antiguo "perro judío" con que se denigraba a los miembros de esta comunidad, están desplazando a "feminazi" ya casi en desuso, y comparten cartel estelar con "negro de mierda" con el que se obsequia a menudo a personas de este color. En alza un nuevo neologismo que se empieza a utilizar despreciativamente: Cis.

2º. La entronización de lo "políticamente correcto" que obliga a todo el mundo a hacer malabarismos verbales para no ofender a nadie, siendo esto casi imposible porque siempre habrá algún colectivo o individuo que se sienta excluido. Hay que aparentar ser "guay", ser inclusivo, estar en la onda, abanderar  la última tendencia aunque realmente no se piense lo que se dice.

3º. El seguidismo acrítico de algunas corrientes posmodernas que, despreciando la tradición feminista de más de tres siglos, negando la evidencia del binarismo sexual y envolviendo el discurso en un ropaje transgresor ininteligible, se han erigido en el nuevo canon teórico como si se tratara de un dogma de fe. A destacar el papel de los valedores y valedoras que se afanan en predicar la buena nueva como si les fuera la vida en ello.

4º. Y last but not least, la certeza de que la autodeterminación de género no va a desestabilizar el statu quo, por más que algunos sectores lo presenten como lo más alternativo y antisistema que se haya visto jamás.

Lo que sí desestabilizaría al sistema  -y de ahí que se le combata a muerte- es que el 49,5%  de la humanidad (quedamos que el 0,3-0,5% corresponde al colectivo trans) dejara de gestar, de cuidarse de menores y mayores, de los trabajos domésticos, de prestar servicios sexuales indeseados (gratuitos o pagados), de obedecer a sus maridos, de ponerse velos, de someterse a mutilaciones genitales, de ganar menos, de tener menos poder, de ser menos pobres, de estar bajo la autoridad paterna o marital, de contraer matrimonios forzados, de renunciar a su libertad…

Cambiar de sexo y/o género acabará siendo una decisión individual. Que la mitad de la humanidad exigiera el cumplimiento de la larga lista de sus derechos sería una revolución.