Cuarto y mitad

Retrodistopía

Perdonen el palabro, aunque con la neolengua que se está poniendo en circulación no creo que este neologismo tenga la menor importancia. Pero es que quiero explicarles que hace unos días tuve un sueño terrorífico.

Resulta que soñé que durante más de 3.000 años las hembras de la especie humana –a las que en el sueño se llamaba mujeres – habían estado sometidas a los machos –llamados hombres en el sueño–. La sociedad estaba fuertemente jerarquizada entre los machos y las hembras, de tal manera que los primeros se habían dedicado al trabajo productivo, y las segundas al reproductivo. A esto los científicos sociales llamaban división sexual del trabajo, y mientras ellos obtenían recompensa monetaria por su trabajo, las hembras lo hacían por amor al arte. Durante mucho tiempo las hembras pasaban la mayor parte de su vida embarazadas, y muchas morían en el parto por falta de atención.

Había unos individuos llamados filósofos que sostenían que las hembras eran inferiores a los machos, razón por la cual su destino era tener hijos y hacerles la vida agradable a ellos. Esta idea era secundada por las leyes, los científicos y las religiones. En algunos países las mujeres tardaron mucho en conseguir los mismos derechos que los hombres, y en muchos todavía no lo habían logrado; de la misma manera, en algunos sitios tenían que ir tapadas para no despertar los instintos viriles. En muchos otros se les mutilaban los genitales, o se las casaba con apenas 8 o 10 años. Otras eran vendidas para un comercio que llamaban sexual. Muchas no podían salir a la calle si no era acompañadas de un varón.

En bastantes países habían obtenido el derecho a la educación, pero no en todos, y en la práctica totalidad del planeta ganaban menos que los varones, eran más pobres y disponían de menos propiedades. También tenían mucha menos representación política y en los puestos de dirección.

Desperté sobresaltada, perturbada por unas ideas tan absurdas. Luego me di cuenta de que todo era producto de mi estado febril, y que no era más que una pesadilla, que nada de eso era verdad, que el patriarcado nunca había existido y que la desigualdad de las mujeres no había sido más que una fabulación interesada. En nuestro mundo todos somos personas equivalentes, no hay división sexual, cada uno elige lo que quiere y las leyes protegen los deseos de todos. Me alegré de vivir en un planeta donde se protege el derecho de los individuos a tener hijos por correspondencia, a tener todo el sexo que quieran siempre que paguen, a convertirse en objetos eróticos si viene de gusto o a cambiar de identidad sexual a voluntad. Especialmente es de admirar que se proteja a los menores para que elijan su género cuanto antes  y que se les bloquee la pubertad a la mínima que se observe que no se adaptan a los estereotipos sociales de masculinidad o feminidad.

Qué hermoso es vivir en un mundo donde solo hay personas, sin ningún tipo de distinción por raza, sexo o clase social. Cómo me gustaría poder preguntarle a Freud el origen de mi extraña pesadilla. ¿De donde diablos habrán salido ideas tan absurdas y qué demonios significarán?