Cuarto y mitad

La RAE posmoderna

Según he leído, la RAE pasó meses discutiendo si solo debía llevar acento o no cuando es adverbio. Muchos académicos por lo visto aún no han aceptado la decisión y continúan escribiendo sólo. Sin embargo, no le ha costado más que meses el intento de incluir elle (como pronombre) en su Observatorio de Palabras. Digo intento porque parece ser que lo ha borrado, o al menos de momento no aparece.

Qué rápida es la Real Academia Española para algunas cosas y qué lenta para otras. En el diccionario aún figuran zorra, fulana, mujer pública, buscona o mujer de la calle como sinónimo de prostituta. Define pelandusca, como prostituta o mujer de costumbres sexuales muy libres; cualquiera como mujer de conducta moral o sexual reprobable; diferencia entre gobernante (que gobierna) y gobernanta (mujer que en los hoteles tiene a su cargo el servicio de limpieza, etc.). Y así podríamos seguir poniendo ejemplos interminables sobre usos sexistas de la lengua que la muy docta academia no ha osado revisar.

Sin embargo, con el intento de incluir el pronombre elle muestra lo al día que está y lo muy guay y postmoderna que es, en sintonía con los tiempos. Si estuvo meses discutiendo si solo iba acentuado o no, no se ha parado ni una semana a considerar qué significa introducir, aunque sea en el Observatorio de Palabras, la forma elle porque es un "pronombre de uso no generalizado creado para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno de los dos géneros tradicionalmente existentes", según rezaba la definición, ahora desaparecida.

La RAE no ha dedicado ni un mes a considerar que si incorpora elle  también debería incluir la terminación e como forma neutra inclusiva que se añade al femenino a y al masculino o. Siguiendo esta lógica, la RAE, tan posmoderna, debería incluir todes y a partir de aquí aceptar que la terminación -e o -es se aplique sistemáticamente a cualquier palabra que pretenda eludir los géneros tradicionalmente existentes: así aceptará que se escriba nosotres, amigues, hijes, ciudadanes, une, unes, estes, aquelles, etc. siguiendo la neolengua en boga.

 La RAE no ha dedicado ni un mes a discutir y reflexionar sobre estas cuestiones porque debe considerar que estas incorporaciones son intrascendentes y la convierten en una institución muy moderna e inclusiva. Pero lo que la RAE no contempla es que incorporar de manera acrítica esta neolengua  significa aceptar la teoría de la identidad de género, es decir, que cada uno se auto identifique como desee, sin atender a más consideración que su voluntad, así como que el género es una cuestión individual que cada uno adopta a placer y no un proceso social.

En esto no le va a la zaga el Institut d’Estudis Catalans, que ha incorporado la palabra cissexual; pero le pasa como a la RAE, que como no tiene ni idea de lo que se lleva entre manos, la ha definido como "que se siente del sexo al cual pertenece biológicamente", convirtiendo también el sexo en un sentimiento. Qué importa el rigor conceptual si de lo que se trata es de hacer propaganda. Así demostramos lo muy avanzados que estamos y lo muy inclusivos que somos.

La rapidez con que los poderes (económico, político, social o cultural) se pliegan a las exigencias de ciertos grupos de presión marca la distancia entre un movimiento realmente emancipatorio como es el feminismo genuino y las tendencias posmodernas del feminismo sobrevenido, que no son más que impostura.