Cuarto y mitad

Los privilegios de las mujeres

Ser mujer tiene innumerables privilegios. No sé cómo no nos habíamos dado cuenta antes. Menos mal que hay algunas activistas clarividentes con mucho predicamento en las redes sociales que nos los han puesto de relieve.

El primer privilegio es que te horaden las orejas cuando naces. Los hombres, si se los hacen, es por propia decisión. Es una gran desventaja para ellos, pues seguro que duele mucho más cuando eres mayor.

Otro gran privilegio femenino es la necesidad de estar siempre impecable, perfecta, radiante. Qué placentero es ir periódicamente a que te depilen las axilas, el bigote, las cejas, las piernas, las ingles o el pubis. Existe la depilación definitiva, pero no todas las mujeres recurren a ella ni, pese a nuestros privilegios, está al alcance de muchas. Como igualmente delicioso es someterte a dietas draconianas para mantener el peso, porque ya se sabe que esos tres kilitos de más es un privilegio que ellos no tienen, aunque le sobren 10. Y si hablamos del privilegio de tener que llevar zapatos que te destrozan los pies, es que me descuajaringo de la risa, donde va a parar si lo comparamos con los incómodos zapatos masculinos, pobrecillos.

No podríamos dejar de nombrar el gran privilegio de cobrar menos que los hombres. Este es fundamental, porque si cobras menos gastas menos, esto es algo de Perogrullo. Para qué queremos ganar más, si con menos ya tenemos bastante. Esta brecha puede ir desde ganar un 15% a un 25% menos que ellos (según los países europeos). ¿Pero qué son estas ridículas cifras? Podría ser mucho peor como en otras zonas del planeta. Pelillos a la mar.

Y qué me decís del privilegio de tener que dedicar 4,1 horas al día al trabajo no remunerado mientras que los hombres dedican apenas 1,7 (siempre tomando como media el índice internacional de la ONU, 2020). Como se acaba derrengada tiene la ventaja de que por la noche se duerme mucho mejor, qué ingratas.

Un enorme privilegio es que no te contraten en las empresas porque puedes quedarte embarazada. Este es de capital importancia, pues así no tienes que levantarte temprano ni desperdiciar tu tiempo en 8 horas de trabajo remunerado. Cuanto menos trabajes más tiempo tendrás de acicalarte, y para poder dedicarte a los otros privilegios que he descrito en el párrafo 3. Y si te embarazas no quiero ni contarte el privilegio del ensañamiento obstétrico que le espera a algunas.

Y ya para descacharrarme de la risa que tanto privilegio me produce, qué decir del hecho de que casen a las niñas con hombres que le doblan la edad, así no tienen que perder tiempo en juegos absurdos, ni por supuesto en buscar novio. Y un privilegio de gran envergadura es que las mutilen genitalmente. Este es un privilegio que te mueres (literalmente). Hay que tener en cuenta que a muchos hombres los circuncidan, pobrecillos, eso sí que es una auténtica putada comparada con la ablación de clítoris.

Y los enormes privilegios que hay en la representación política (24% de mujeres en los parlamentos) en el mundo empresarial (20% en los consejos de administración (según CS Gender 3000). Eso por no hablar del gusto que te da que te agredan, te violen o te maten por ser mujer, que son privilegios mayores que es mejor no mencionar para no crear envidia entre los varones, seguro que les encantaría gozar de estas prerrogativas.

En fin, si tuviera que mencionar todas las ventajas de ser mujer no acabaría esta columna.  Son tantas (me dejo muchas más en el tintero) que no puedo por menos de calificar a las mujeres de egoístas por osar quejarse de una situación de privilegio que ya quisieran para sí todos los varones del planeta. Desalmadas.