Cuarto y mitad

Todos somos No Binarios

Empieza a ser frecuente que algunas personas se identifiquen como No Binarias cuando tienen que definirse como hombre o como mujer. Incluso ya hay formularios de entidades e incluso instituciones que lo contemplan como opción en las casillas donde hay que consignar el sexo  (que ya no es sexo sino género).

Las personas que así se autodefinen tienen un sexo muy concreto. No hay ninguna ambigüedad en esto: tienen genitales de macho o de hembra. (Sí, ya sé que hay millones de intersexuales en los que no habíamos reparado hasta ahora, pero eso no elimina el binarismo sexual). Quizá haya también algunas personas con mezclas cromosómicas o gonadales de ambos sexos, pero no deja de ser una alteración en el desarrollo fetal, igual que lo sería que una persona naciera con seis dedos en cada mano, en lugar de cinco. En contra de quienes quieren demostrar que los sexos son múltiples   –o incluso que es un continuum donde no se sabe dónde acaba un sexo y empieza el otro – la biología, tozuda, demuestra que la especie humana, como otras especies animales, está dividida en dos, pese a quien pese.

Por tanto, cuando alguien se declara No Binario, se supone que significa que no acaba de sentirse ni hombre ni mujer. Estamos hablando, por tanto, del género, ese proceso social que se impone al sexo biológico, y que atribuye a las personas unas actitudes, características o valores masculinos o femeninos.  Eso quiere decir que las instituciones o entidades que incluyen entre las opciones de clasificación el No Binario han abandonado el dato objetivo del sexo biológico y lo han sustituido por la denominada identidad de género, es decir, que aceptan que una persona pueda no sentirse ni hombre ni mujer.

Lo que nadie ha contestado todavía, pese a los muchos requerimientos que las feministas estamos formulando, es que se responda qué es sentirse hombre o mujer sin recurrir a la idea de los cerebros rosas y azules o al cuerpo equivocado. Porque los valores humanos no tienen sexo ni género, sino que son comunes a todos los individuos: por simplificar, ni ser valiente es una cualidad masculina, ni ser empática es femenina, y que solo la socialización impone que los hombres tengan que ser valientes y las mujeres empáticas. Todos compartimos características femeninas y masculinas al mismo tiempo. Ya lo dijo Virginia Woolf en Una habitación propia: "Es funesto ser uno hombre o una mujer a secas. Uno debe ser mujer con algo de hombre u hombre con algo de mujer" (Cap. 6).

Todos somos No Binarios por cuanto compartimos valores, capacidades, talentos y características humanas. Si hay diferencias entre hombres y mujeres no es porque nuestras mentes, atributos y sentires sean diferentes, sino por un sistema social que ha atribuido artificialmente a las mujeres unos valores y a los hombres otros, y los ha impuesto según el sexo (este sí, binario) con el que nacemos. Aceptar que haya personas No Binarias implica que haya otras Binarias, y representa dar carta de naturaleza al binarismo social por encima del binarismo sexual que es en definitiva la base material sobre la que se ha erigido aquel. Consagramos el género artificial, eliminamos el sexo biológico y abra cadabra, todos somos personas en pie de igualdad.

Pues que lo sepan: optar por el género sentido como forma de clasificación humana equivale a aceptar la existencia de esencias innatas, cortocircuitar el feminismo y apostar por perpetuar la desigualdad.