Cuarto y mitad

No votaré misoginia

Ni el 14 de febrero ni en el futuro. Soy feminista desde que tengo uso de razón, incluso antes de que supiera ni siquiera lo que significaba. No he militado nunca en ningún partido político. Siempre he sido una outsider, una advenediza, una mindundi, una hija de jornaleros andaluces que con su tesón y un poco de suerte ha conseguido alcanzar una posición desahogada. No siempre fue así. Aquí una foto de los restos del palacio donde viví como burguesa privilegiada hasta los 10 años.

Mi análisis de la realidad, por tanto, siempre es desde la perspectiva de hija de la clase obrera y feminista. He intentado ser consecuente con mi filosofía de vida, y por eso hoy día levanto la voz, y como dice el hashtag que circula por Twitter, #YoNoMeCallo.

Algunos partidos creen que hablando en femenino (el todas o aún peor, todes) o incluso cambiar el nombre (Unidas Podemos) ya es adoptar una postura feminista. Otros piensan que porque pongan a una mujer de cabeza de lista las mujeres vamos a votar en masa sus candidaturas. Soy la primera que ha defendido el derecho inalienable de cualquier mujer a ocupar los espacios políticos, económicos, deportivos, culturales, sociales, etc. que puedan, quieran o las dejen. Pero eso no las convierte en feministas. Desde Margaret Tatcher, pasando por Angela Merkel o Kamila Harris, muchas líderes han desarrollado políticas contrarias a los intereses y derechos de las mujeres. Algunas incluso con tanto ahínco que para congraciarse con los varones llegan a defender los más rancios y misóginos postulados de la historia de la humanidad. Como los que voy a citar a continuación.

No votaré a aquellos que defiendan la prostitución como un trabajo y aduzcan que hay que legalizarla mientras exista el patriarcado, como si este fuese a desaparecer chascando los dedos, como en los anuncios de Paco Rabanne. Si no se hace una ley abolicionista, campañas de concienciación, educación escolar, se deje de edulcorar la prostitución en cine y series, etc. evidentemente no va a dejar de existir. Hace falta adoptar iniciativas e implementar políticas.

No voy a votar a quienes consideren la pornografía como empoderante, una industria basada en la humillación y casi tortura de las actrices. Hay quien defiende una pornografía feminista, pero por lo que sé esta no da de comer a nadie, mientras que la mayoría de producciones mainstream presentan un alto grado de violencia, además de una visión distorsionada de lo que es la sexualidad.

No voy a votar a quienes se planteen el alquiler de vientres o compra de bebés como una actividad altruista y libre. La explotación de la capacidad reproductiva de las mujeres pobres es la última frontera que ninguna feminista debería cruzar jamás. Como en el caso de la prostitución, ya hay quien la defiende como una estrategia de supervivencia. También el tráfico de drogas o la venta de órganos podría ser estrategia de supervivencia, y no se alienta a nadie a que se haga traficante o venda su riñón.

Y no voy a votar a quienes apoyen la autodeterminación de sexo sin ningún requisito probatorio, convirtiendo a mujeres en hombres o a hombres en mujeres con la mera expresión del deseo individual. Esto, que se presenta como lo más subversivo y transgresor, no va a lograr desestabilizar el sistema ni un milímetro, porque al capitalismo le da igual cómo te sientas, con tal de que produzcas y consumas, y en cambio distorsionará las estadísticas, hará imposible interpretar la desigualdad entre sexos, y en definitiva perjudicará a las mujeres y criaturas de muchas formas, como ya se está viendo en otros países que la han introducido (deportes, espacios, cárceles, cuotas, mutilación corporal etc.)

Por todo ello, no voy a votar misoginia. Con lo que muy probablemente no tenga ningún partido al que votar.  No soy la única que piensa así. Somos muchas, y creo que si ningún partido manifiesta explícitamente estar contra estos cuatro temas más de uno lo va a la lamentar.