Cuarto y mitad

Mujerómetro

Después de oír a Irene Montero preguntarse sobre qué es ser mujer o qué talla de pecho hay que tener para considerarse como tal, y tras leer el comunicado de IU en el que defendía que el sexo no es binario, sino una combinación aleatoria de gónadas, hormonas, cromosomas, etc. que se alían al buen tuntún a la hora de conformar un nuevo ser humano, me quedé muy preocupada. Pensando, pensando he dado con la solución. Un instrumento que mide al milímetro el grado de mujeridad u hombridad de cada persona. Lo voy a patentar, y espero que la Open Society de Soros o la Arkus Foundation decidan financiarlo, porque el invento es revolucionario.

Se trata de un aparato parecido al espéculo que todas las mujeres conocemos.  Pero este, a diferencia del espéculo, se tiene que introducir en una oquedad aledaña, cuyo nombre no recuerdo, para que la pueda usar todo el mundo sin miedo a que el instrumento sea acusado de tránsfobo. En escasos minutos te muestra en una escala del 0 al 100 el género con el que te identifiques aquel día. Te dice si eres poco mujer, regular mujer, bastante mujer, mucho mujer, etc. algo muy conveniente ahora que tanta gente disputa por ser más mujer que la vecina. Antes se competía por tener la ropa más blanca pero ahora la competencia es la mujeridad. Idéntica información te da el aparato sobre la hombridad, claro está, en una gradación sin solución de continuidad, pues ya sabemos que no hay diferencias corporales entre hombres o mujeres y que todo se reduce a un sentimiento interior.

He decidido ponerle el nombre de Mujerómetro porque desde al menos 2500 años atrás el problema es qué es ser mujer y no hombre, porque ya Protágoras dijo que el "hombre es la medida de todas las cosas" aserto que no se ha cuestionado nunca, hasta ahora. La operación me puede salir redonda. Considerando que hay 7.500 millones de personas en el mundo que deseen saber a cada momento de qué género se sienten, pues ya pueden imaginarse los beneficios que me puede proporcionar.  Solo con que haya un 10% de individuos que lo adquiera son 750 millones de personas.

El aparato se venderá junto a un prospecto parecido al contrato de los Hermanos Marx (ya saben aquello de "la parte contratante de la primera parte…") donde se detallan todos los 100 géneros que existen y aún queda espacio para los que se puedan inventar en el futuro.  Como hay dudas sobre la seguridad jurídica respecto de algunos proyectos legislativos, este invento viene a resolver tal problema, pues es capaz de establecer con una fiabilidad del +/-99% (vamos a dar un margen de error) el género del individuo.

Con este instrumento (debidamente higienizado después del uso) uno se va al Registro Civil y ya tenemos la prueba inequívoca para que el funcionario de turno cambie nuestro sexo en los formularios.  Y sin patologizar a nadie, que conste. Cierto que dada la volubilidad del personal al levantarse cada día con un género diferente puede ser una desventaja, pero para eso está el Estado, para que convoque masivas oposiciones a funcionariado para que dé abasto al aumento de cambios de sexo registral que se puedan producir. Además, esto estaría en la línea de la tendencia actual de dar cumplida satisfacción a los deseos de la ciudadanía que como sabemos las leyes van a convertir en derechos.

Paul B. Preciado arrogaba por colectivizar el ano en su texto Utopía anal, yo no me atrevo a tanto, y solo procuro ofrecer un instrumento de uso individual. ¡Quien nos iba a decir que el trasero podría llegar a ser en el medidor exacto de la subjetividad!