Bruce en Barcelona

CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA

Pues nada: vino, cantó y arrasó, como tenía que ser. Era mi primera vez en un concierto del Boss, y, a pesar de que había leído y escuchado toda clase de ditirambos y aspavientos, realmente es algo que hay que verlo para creerlo: en escena, el de Nueva Jersey derrocha una energía que para sí quisieran algunos veinteañeros. En lo musical, Bruce y sus amigotes poca cosa tienen por demostrar: la E-Street Band es una de las mejores bandas de la historia del rock y el Boss es el rock mismamente, hecho carne mortal. O no tan mortal: porque, con todo, lo más asombroso de un concierto de Springsteen es la devoción mesiánica que le profesan sus admiradores. No sé en otros sitios, pero en Barcelona uno tenía la sensación de asistir, más que a un concierto, a una especie de eucaristía, como si Jesucristo hubiera vuelto tocando la guitarra y calzando botas de vaquero. Los fans reían, lloraban, se empujaban por tocar los tobillos o rozar la mano del cantante, y seguían mesmerizados sus concisas instrucciones (come on! One, two, three, four!), que recibían como si fueran dogmas revelados.

Fan catalán
Y es que los catalanes, quizá especialmente los barceloneses, son muy suyos en esto de demostrar sus afectos. Habitualmente flemáticos y reservados, de vez en cuando les da por un personaje en concreto y, entonces, se desbordan. Esto sucede desde hace años con dos señores : uno es el propio Springsteen (cuyo “idilio con Barcelona” es ya una coletilla que ningún cursi se olvida de añadir a continuación de su nombre) y el otro es Woody Allen, quien, después de rodar en la ciudad su nueva película, corre un serio peligro de ser santificado en Montserrat, junto a la Moreneta. Woody Allen y Bruce Springsteen: más de uno por aquí votaría porque se convirtieran en presidentes del Barça y de la Generalitat, y que fueran turnándose.

Friquis
Los excesos de entusiasmo pueden llevar fácilmente a un cierto friquismo. Es lo que les sucedió a los chicos de las JNC, las juventudes de Convergència, que no tuvieron otra idea que enviarle una carta hace un par de semanas al Boss pidiéndole que diera apoyo al Estatut de Catalunya –que está en el pasillo de la muerte del Constitucional— cantando We shall overcome, un tema de Pete Seeger que no figuraba en el repertorio de esta gira. Huelga señalar que Springsteen no cantó esa canción, aunque, bien mirado, echó alguna parrafada en catalán e incluso plantó la senyera en lo alto del escenario, junto a la bandera de los EE.UU. Hablando de friquis, ¿a qué esperan Savater, Rosa Díez, Pedro Jota, Losantos y Espe Aguirre a montarle un cirio al Boss por separatista y antiespañol?