Autorías intelectuales

YO TAMPOCO ENTIENDO NADA // CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Pese a la sentencia contundente y nada ambigua del Tribunal Supremo echando un cerrojo definitivo a la teoría de la conspiración relacionada con el 11-M, el señor Trillo, portavoz de su partido en materia conspirativa, ha insistido en que queda por detallar la autoría intelectual del atentado. En su calidad de miembro de una conocida organización religiosa de gran enjundia en materia de almas, es lógico que el señor Trillo dude al respecto. En realidad ese detalle, el de la autoría intelectual, suele constituir un misterio. Uno más de los que permiten que existan religiones, sectas, hermandades y sus muy rentables derivaciones.

La causa última
El autor intelectual podría considerarse el causante último de todas las cosas y, claro es, alcanzar una perspectiva tan lejana resulta por lo común complicado. Imaginemos, por ejemplo, la ley de la gravitación universal. ¿A quién se le ocurriría? La salida teológica no sirve porque, de responderse que a quien se le ocurrió fue al dios creador del universo, habría que insistir entonces acerca de quién sería el autor intelectual de la divinidad misma. Sostener que no hace falta, que la divinidad es autocontenida, lleva a peligrosas fisuras en cualquier teoría conspirativa. Si el universo entero, con la gravitación por medio, deja lugar a que no haga falta la inspiración intelectual, qué decir de la barbarie, incomparablemente más simple, de las bombas en las mochilas.

Contenido intelectual
El problema de husmear en las causas mentales tiene, por añadidura, un obstáculo añadido: que a alguien se le ocurra preguntar acerca del autor intelectual de insistencias como la de Trillo. ¿Será el presidente de su partido? ¿Algún otro anterior, en situación ahora de indignado retiro? ¿Recaerá esa figura en los inspiradores mediáticos del armagedón? ¿Habrá que recurrir, qué sé yo, a la necesidad permanente de luchar contra la masonería, el ateismo y el soviet, aunque este último ande quizá ya un tanto flojo de remos a los efectos intelectuales?

Intelectualidad modular
Para evitarnos problemas, lo mejor sería atribuir las autorías intelectuales de manera modular, como parece que funciona la propia mente. Que el big-bang sea el inspirador de la gravedad, que cada terrorista lo sea de sus actos, el presidente del Gobierno del manejo de los recursos del Estado y todo ministro, el de Defensa, por ejemplo, de los aconteceres de su gabinete. Incluso si a veces van y se le caen los aviones que él mismo, en un rasgo de generosidad intelectual, ha alquilado.