Vivan los miércoles

¿SOY YO O ES LA GENTE? // ANTONIO OREJUDO

Por fin han terminado las vacaciones, ese aterrador periodo de tiempo en el que uno no tiene presentaciones de libros, cócteles, conferencias, y en el que tampoco puede encerrarse a trabajar, a leer, a pensar, a escribir la columna de los miércoles.

Vacaciones culturales
Durante cuatro semanas hemos jugado con los niños, y los hemos llevado por ahí, a que conozcan mundo. Tú te esfuerzas por darles un barniz cultureta, pero no tardas en descubrir que lo único que quieren los niños es que haya un parque con columpios cerca. Toda tu ilusión por enseñarles el museo se va al carajo. También le pusiste música de Mozart al feto, y hoy, diez años después, a ese feto convertido en niño lo único que le gusta es High School Musical. A los niños les da igual veranear en Móstoles que en Berlín. De hecho, suelen preferir Móstoles, porque en Berlín los niños del tobogán hablan muy raro. Hasta los catorce o quince años, es decir, hasta la edad en la que ya no quieren ir con sus viejos, los niños no aprecian la batuta cultural que les metemos los padres universitarios.

Por fin miércoles
Así que me alegro de estar aquí otra vez, escribiendo este folio que algunas veces el periódico cuelga en su versión digital. Un folio, el mío y el de mis compañeros de sección, que suscita de vez en cuando alguna reacción. Para mi sorpresa, hay personas que nos leen y que escriben sus opiniones, sus comentarios, al pie de nuestras colaboraciones. Es una nueva relación entre autores y lectores, que entusiasma a los evangelistas de Internet que van por el mundo predicando la buena nueva. Consideran que frente a la incontestable autoridad que siempre ha tenido el autor, la nueva situación, favorecida por las nuevas tecnologías, es pura democracia y libertad
de expresión.

¿Democracia?
Aunque me halaga que la gente lea esta columna de los miércoles, nunca he contestado los comentarios que algunas personas han escrito. No es soberbia ni desinterés. Los leo y algunas opiniones me parecen interesantes. Y a veces las objeciones me han obligado a matizar mis opiniones. No contesto porque estos comentarios nunca van firmados. Y tengo por norma no contestar anónimos. Cuando el sistema de post y comentarios obligue a identificarse a unos y a otros, y no solamente a los autores del post, entonces podrá iniciarse una enriquecedora conversación y un fructífero debate de ideas entre autores y lectores. Mientras tanto, los comentarios sin firma no dejarán de ser pintadas en la puerta del baño. Pero aunque sea así, viva el miércoles.