Borges, Bioy, Sabato (I)

DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO

Acaba de publicarse Enciclopedia Borges (Alfama). El mundo de Borges, las opiniones de Borges. Borges encerrado en una enciclopedia, en uno de esos anhelos de “saber total” de los que desconfiaba.

Ahórreme los detalles
A Borges le hacen gigantesco sus textos, y le empequeñecen sus opiniones (es la mía). Los grandes escritores son grandes en sus libros, normales en su escala humana. Es la impresión que me causa el leer comentarios de Borges. Es lo que me ocurre si leo los Diarios de su gran amigo, Adolfo Bioy Casares. Al hacerlo, me acuerdo de un breve texto de mi hermano Pedro en el Cuaderno Azul: “Para ver la belleza (que nunca se esconde del todo), hay que clamar, declamar y chillar: ‘Usted, Señor Dios, ahórreme los detalles!’”. Es lo que se podría haber pedido a Borges y a Bioy, que nos ahorraran los detalles (o lo que se vislumbra detrás de sus mordaces juicios). Pero, por supuesto, el tercer culpable soy yo: ¿acaso alguien me obligó a leerlos? ¿Acaso no podía haberme ahorrado yo a mí mismo los detalles?

Dos amigos y un rival
En mi descargo, diré que lo hice llevado por mi admiración literaria. Por otro lado, el que nos hagan pisar el suelo también tiene su parte buena: esa que apuntaba de comprobar que los grandes escritores sólo se diferencian del resto de los mortales en que escriben muchísimo mejor. Vuelan cuando escriben y andan cuando viven. Borges, Bioy Casares, Sabato. Dos amigos y un rival. Tres ejemplos para demostrar lo alto que llegó la literatura argentina del siglo pasado. Y para ver lo bajo que llegamos los hombres. Borges y Bioy se veían casi a diario, compartían filias y fobias, se contaban (curioso, no se leían, al menos eso me dijo Bioy Casares) los cuentos que iban a escribir. Una de sus fobias era Sabato.

Le ha tomado tanto odio
En sus Diarios, entre numerosas menudencias y frivolidades, Bioy Casares anotó, en 1956: “…Sabato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte. Es curioso el caso de Sabato: ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa”. Una opinión, cuando menos, precipitada: Sobre héroes y tumbas es de 1961, y Sabato sólo había publicado entonces El túnel (en la revista Sur, pues fue rechazada en diversas editoriales). Como curiosidad, anotemos que la primera publicación literaria de Sabato fue un artículo sobre La invención de Morel, en 1941. También encontramos esto en los Diarios: “Borges me asegura que le ha tomado tanto odio a Sabato que ya no imagina su cara tal como es, sino en caricatura”. Claro que el odiado tampoco se quedó corto. (Continuará).