Putos extranjeros

ANTONIO OREJUDO// ¿SOY YO O ES LA GENTE?

En Madrid los autobuses tenían cobrador. Se sentaba en la parte trasera con un armatoste plateado, dotado de extraños botones y una manivelita, a la que había que dar una vuelta completa para que saliera el billete. El Metro tenía un trabajador encargado de abrir y cerrar las puertas. Iba en el primer vagón, protegido por unas barras metálicas, leyendo novelas del Oeste, de Marcial Lafuente Estefanía. En cada estación sacaba el cuerpo, comprobaba que todos los viajeros habían entrado y salido, hacía sonar un pito, y accionaba varias veces la palanquita hidráulica que cerraba las puertas. Y con esos trabajos, que hoy resultan imposibles, mantenían a sus familias.

Sector servicios
Si hoy existieran esos empleos, no creo que ningún español los desempeñara. Hace tiempo que los camareros son ecuatorianos, los electricistas argentinos, los fontaneros cubanos y los albañiles ucranianos. Algunas veces me pregunto en qué trabajan los españoles. ¿En qué trabaja hoy aquel camarero de mi barrio que gritaba al fondo hay sitio, y que me ponía sobre la barra de cinc, antes de que la pidiese, una caña fría, perfectamente tirada, y una banderilla? No es que yo añore como el ex ministro Arias Cañete a ese camarero español que recitaba tan bien la lista de raciones. No. Simplemente me pregunto en qué trabajan ahora todos los que trabajaban antes en este enorme sector de servicios llamado España.

Injusticia
Pensaba en todo esto después de que Corbacho, el de los fuertes antebrazos, dijera que, dado el paro que hay, las contrataciones en origen iban a tender a cero. No sabía yo que la culpa del paro la tuvieran los extranjeros. Hasta el otro día pensaba que los extranjeros de lo que tenían culpa era de la delincuencia. A ver si lo he entendido bien, querido Corbacho, y querido Miguel Sebastián, el que todo lo sabe y se mete en todo: la cosa es que hay un montón de españoles que darían su vida por limpiarme la taza del váter, hurgar en el desagüe de la ducha y barrerme las pelusas de debajo de la cama, pero como una maldita ecuatoriana ha usado sus influencias para quedarse con ese preciado puesto de trabajo, resulta que tenemos a una puta extranjera limpiándome la mierda mientras que un honesto español se queda en paro.

Españoles primero
¿Lo he entendido bien? Pues si esto es así, contad conmigo, amigos ministros, para esta nueva cruzada que tú bordaste en rojo ayer. Ni un extranjero más secando el pis en los baños de carretera, ni un extranjero más recogiendo tomates en los invernaderos de El Ejido. Que lo hagan los españoles. Coño.