Mundo cuántico

YO TAMPOCO ENTIENDO NADA // CAMILO JOSÉ CELA CONDE

El 10 de septiembre de 2008, as las nueve y media de la mañana, hora europea, se dio un paso histórico al poner en marcha el Gran Colisionador de Hadrones, GHC en su acrónimo castellano y LHC en el inglés, dando comienzo así a la búsqueda del bosón de Higgs.

El mundo cuántico
Dudo que haya muchos lectores de este diario que adivinen siquiera el sentido general del párrafo anterior. Yo, desde luego, apenas sé que significa. Lo único que tengo claro es que uno de los misterios -que abundan- del mundo cuántico puede quedar algo más cerca de nuestra capacidad de comprensión cuando los haces de protones colisionen en el inmenso acelerador de partículas construido en las entrañas de Ginebra. Pero las paradojas cuánticas y la incapacidad de entender el paso que va, con el colapso de la función de onda, desde el mundo de las partículas subatómicas al de las dimensiones que se rigen por las leyes de Newton, seguirán ahí.

¿Ondas o partículas?
El primero de los misterios es el del carácter de los fotones, electrones y demás miembros de la familia de la que se quiere averiguar ahora la condición de un primo aún más extraño. ¿Son ondas o partículas? Un experimento sencillo, el del haz de luz que se filtra por dos rendijas paralelas y cercanas, pone de manifiesto que ambas cosas a la vez: depende de si esas partículas se miden o no. A partir de ahí, el sinsentido cuyo más hermoso exponente es, en mi opinión, el del gato de Schrödinger.

Gato vivo, gato muerto
Los gatos están, casi por definición, o vivos o muertos. El del experimento mental de Schrödinger, gracias a las paradojas cuánticas, se encuentra en situación ambigua hasta que alguien examina el resultado, la trayectoria seguida por la partícula que se envió para lograr matarle o no. Lo más intrigante es que ni morirá ni continuará vivo hasta que esa comprobación se produzca.

Las cucarachas
Yo tampoco lo entiendo, igual se me escapa de qué forma una partícula puede encontrarse aquí y en Júpiter a la vez. Se trata de algo que sólo las matemáticas explican. Sucede, por cierto, que las cucarachas no entienden que nosotros sepamos las ecuaciones diferenciales. Pregunta bien pertinente: ¿por qué habrían de comprender unos simios evolucionados en el Rift africano, con capacidad suficiente para distinguir la fruta verde de la madura, el sentido ontológico del mundo cuántico?