Lo peor del perro: su amo

¿SOY YO O ES LA GENTE?// ANTONIO OREJUDO

Me río como un tonto con los anuncios de La Primitiva, con ese serial de Ramiro Benítez (interpretado con mucho talento por un actor que no conozco) y su perro multimillonario, Pancho, que desapareció cuando su amo le mandó echar un boleto de lotería al despacho de la esquina.

En vías de desarrollo
Por desgracia, no todos los perros son tan pacíficos como Pancho ni todos los amos tan simpáticos como Ramiro Benítez. El pasado sábado en Alhauín de la Torre, en Málaga, a dos perros rottweiler se les volvieron a cruzar los cables y se lanzaron sobre un niño de cinco años que está muy grave. Creo que el padre de los niños es el amo. En España, los privilegios de los perros, y la desvergüenza de sus amos son propios de un país en vías de desarrollo, que en realidad es lo que somos, aunque en los últimos quince años hayamos vivido dentro de una burbuja. La impunidad de estos majaderos sólo es comparable a la que tuvieron hace muchos años los fumadores, que podían llenar de humo las aulas, los trenes, los aviones y los restaurantes.

Te fastidias tú
Sí, ya sé que a raíz de los últimos ataques de perros asesinos, los dueños están obligados a no sé qué y a no sé cuántos. ¿Pero alguien ha visto alguna vez un perro con bozal por la calle? ¿Y atado? Salvo que el perro sea uno de esos brutotes que van echando espuma por la boca, raro es el amo que fastidia a su chucho llevándolo de la correa. Que se fastidien los demás. Si el perro te viene a ti y te husmea los genitales, es que quiere conocerte. Y si te lame, es que es muy simpático. Y si te muerde un poquito, casi sin hacerte daño, es que es muy juguetón y todavía no controla su fuerza. Y no digo ya las mierdas. ¿Alguien ha visto alguna vez a un dueño recoger la caca de su perro? Los hay, no me cabe duda; pero son los menos. La mayoría deja que el chucho cague donde se le antoja y marque con pis su territorio. Y no le digas nada, no le hagas ver lo incivilizado de su comportamiento, porque es capaz de darte una hostia.

Los perros no ladran
Y luego, por la noche, están los ladridos. Si tienes la mala suerte de vivir en una urbanización, no te quejes a tu vecino cuando su perro ladre enloquecido, a coro con otros cien, hasta las tantas. Te dirá con inocencia: “Los perros ladran”. Los perros ladran, pero cuando vas a otro país menos bárbaro y maleducado que éste, los perros no ladran y las urbanizaciones están en silencio. No es que sean de otra raza, es que perros y amos están obligados en estos países a asistir a cursos de adiestramiento, donde unos y otros aprenden a controlarse y a convivir con los demás.