Una muñeca desesperada

HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG

Barbie, la muñeca más desnudada y kitsch del mundo, va a cumplir cincuenta años. La princesa de plástico que en su apogeo vendía dos muñecas por segundo ha sufrido mil metamorfosis para adaptarse a estos tiempos en que las niñas juegan a vestir y maquillar muñequitas gratis por Internet con sólo un clic en el ordenador. Barbie puta, Barbie con diseños de Donatella Versace, Barbie con velo musulmán, Barbie embajadora contra el cáncer de mama, Barbie pariendo sin anestesia. Los creativos de Mattel, la mayor fábrica de juguetes del mundo, le inventan cirugías plásticas de toda calaña para venderla. Pero no ha habido ninguna historia más delirante sobre ella que una boda en la que no intervinieron sus fabricantes. A fines del siglo XX, el ciudadano Chang Hsi-hsum se casó con una muñeca Barbie en un templo budista de su Taiwán natal. También estaba por cumplir cincuenta años y creía que esta muñeca alojaba el espíritu de su esposa Tsai, una mujer que dos décadas antes se había suicidado porque la familia de Chang Hsi-hsum se oponía a este matrimonio. Como un modo de pedir perdón a la difunta, sus parientes acabaron bendiciendo su boda con la Barbie. La ceremonia fue un domingo: ella llevaba un traje de novia, lucía anillos y un collar de oro que había pertenecido a la muerta. Durante la ceremonia, un Mercedes Benz de papel –parte de la dote de Tsai– fue incinerado para que ella pudiese usarlo en el mundo espiritual. Al final de la boda, Chang Hsi-hsum volvió a casa con las cenizas de Tsai en una urna y su nueva esposa de treinta centímetros. Era su tercer matrimonio.
 
¿Por qué Chang Hsi-hsum creyó que en una Barbie podía habitar el espíritu de su esposa muerta? Es un tema para psiquiatras. Pero más allá de ella –y de las nuevas e hiperrealistas muñecas inflables– siempre hubo una mutua dependencia entre seres humanos y muñecos. De cuando en cuando, cualquier hombre o mujer mira a su objeto de deseo como un juguete. Decía Baudelaire que la mayor parte de los niños quieren sobre todo ver el alma, y que ésta es su primera tendencia metafísica: «El niño gira y vuelca su juguete, lo araña, lo sacude, lo golpea contra las paredes, lo tira al suelo –escribía el poeta–. De cuando en cuando le obliga a reiniciar sus movimientos mecánicos, a veces en sentido contrario. La vida maravillosa se detiene. El niño entonces hace un supremo esfuerzo: al final logra abrirlo, es el más fuerte. Pero ¿dónde está el alma? Aquí comienzan el embrutecimiento y la tristeza». En Taiwán, Chang Hsi-hsum hizo de su matrimonio con una Barbie una obra maestra (y plástica) del desconsuelo. Ahora Barbie va a celebrar sus cincuenta años. La caída de sus ventas no se debería sólo a su menopausia ni al encarecimiento de las materias primas. Los fabricantes han rebajado su elegancia y sofisticación: han rasgado sus ojos, acortado su estatura, aumentado el grosor de su cintura. Apartándola de su anorexia, hoy es una muñeca que pretende parecerse más al resto del mundo.