CaixaForum Madrid

DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO 

Desde hace unos meses Madrid cuenta con un nuevo espacio cultural, el CaixaForum, en el Paseo del Prado, en ese triángulo del Arte formado por el Reina Sofía, el Thyssen y el Prado. Obviamente, como museo no puede competir con los tres citados, pero el primer gran acierto del CaixaForum es el mismo edificio.

Recuperación modélica
Algo escondido, y relativamente modesto en cuanto a su tamaño, es un proyecto de los suizos Herzog y De Meuron. A la fachada de la antigua Central Eléctrica del Mediodía (cortado el zócalo inferior de piedra, de manera que el conjunto parece levitar) se ha superpuesto otra con formas geométricas, de color anaranjado. La nueva plaza, antes parcialmente ocupada por una gasolinera, se completa con un jardín vertical (guiño al Botánico, justo enfrente) de Patrick Blanc, de 24 metros de altura. Herzog y De Meuron han conjuntado de manera admirable tradición y modernidad. Hacía años que no me impactaba tanto en Madrid un nuevo edificio. La antigua central, inaugurada en 1901, se hallaba en ruinas. Ahora, gracias al estudio suizo –y a los 60 millones de euros invertidos por la Caixa-, es una visita muy recomendable.

Charlot
La exposición en el CaixaForum sobre Charlot (o, más exactamente, sobre Chaplin), ese personaje fácil de imitar e imposible de igualar, sirve para confirmar lo que ya sabíamos: podemos pensar que lo tenemos muy visto, pero siempre que volvemos a verlo, descubrimos algo nuevo. Chaplin en imágenes reúne fotografías, carteles y fragmentos de películas. El bombín, el bastón, el bigote, la chica con problemas, el vagabundo que se aleja caminando hacia el horizonte, fin. Sólo por ver –o por volver a ver- el combate de boxeo, vale la pena entrar.

Oferta cultural
La colección de arte expuesta en el CaixaForum Madrid es, hoy por hoy, bastante floja. El interés del centro radica, sobre todo, en sus exposiciones, conciertos, conferencias y talleres. Al salir, hojeo la agenda, con la programación para octubre, noviembre y diciembre. Una exposición sobre los etruscos, otra sobre la escuela Yi (“treinta años de arte abstracto chino”), espirituales negros, poesía cantada del Renacimiento hispánico, música electrónica, conferencias, proyecciones (Zelig, El aviador), y más, y más. En ciudades como Madrid la oferta cultural me sobrepasa. Y sin embargo, me gusta que exista la posibilidad de ir a un concierto de música tradicional de Mongolia, aun sabiendo que no asistiré, porque, de alguna forma, incluso las posibilidades que no aprovechamos ensanchan nuestra realidad.