Abril

DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO

“A veces es difícil, pero, con esfuerzo, siempre es posible mirar a otro lado”. Frases como ésta van marcando el paso –nunca mejor dicho, pues es, entre otras cosas, una novela sobre la guerra- de Abril (Lengua de Trapo), el último libro de Carlos Eugenio López.

Humor
Que este escritor, que inició con El orador cautivo (1997) una carrera sostenida y brillante, no sea conocido por el gran público, es una cuestión de azar (prefiero ser optimista). En Abril, en primera persona, con un humor inteligente y un estilo sencillo (y por lo tanto, difícil de conseguir), narra la historia de un inocente joven que, en un futuro indeterminado, aunque bastante cercano, y tras ver que con su licenciatura en Ciencias del Medioambiente no tiene posibilidad de encontrar trabajo (“ya entonces empezaba a sospechar que la vida es una carrera en la que todos llegamos los últimos”), se alista en el ejército para obtener el título de fontanero.

Giro
Pero sus planes se complican cuando a quien se le da, también se le exige; cuando le envían al frente; cuando el mal hace su aparición. Tras ver los síntomas de la enfermedad moral del protagonista (que es la nuestra, la de nuestra sociedad), empezaremos a atisbar las consecuencias, y nuestra sonrisa, a transformarse en una mueca. Hacia la mitad de la novela Abril da un giro que, aun siendo de 180º, no resulta brusco, prueba de habilidad en la conducción. Es como si atravesáramos una pared, o (porque se hace menos realista) un espejo deformante. Y mientras todo se derrumba, asistimos a una triste historia de amor que funda sus esperanzas en la huida, y entonces Abril se convierte en una novela sobre la necesidad de los sueños para seguir viviendo.

Un barco de recreo y las cataratas
Leyéndola, he tenido la sensación de subirme a una embarcación de recreo, que empieza a navegar por un río que fluye manso, tranquilo. Los pasajeros sonreímos, la travesía es muy agradable, placentera. Nos dejamos conquistar por ese ambiente, olvidamos que había, desde el principio, aquí y allá, señales que deberían habernos puesto sobre aviso. De pronto, empezamos a oír un ruido, un rumor sordo, en la distancia. La corriente empieza a ir más rápido, hay espuma en el agua. El ruido se va haciendo más fuerte y cercano. Comprendemos que esa embarcación de recreo se dirige hacia unas cataratas. Si el antihéroe de Abril cae por ellas, si las evita, o si Carlos Eugenio López lo deja en el aire, es algo que no revelaré aquí. A quien tenga curiosidad por saberlo, le espera una lectura muy divertida, que hace reflexionar en su engañosa ligereza.