Blai Bonet y Lou Reed

CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA

Hace unos días estuvo en Barcelona Lou Reed, invitado por el festival literario Cosmópolis, que desde hace unos años organiza con acierto y empuje el CCCB (que no son las siglas de una agencia de espionaje, sino del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona). Pero esta vez el mito viviente no vino a cantar, sino a recitar poesía de autores catalanes (traducida al inglés, por supuesto). De hecho, este recital más bien insólito ya se estrenó hace unos meses en Nueva York, donde, además de Lou Reed, leyeron poesía catalana las no menos míticas Laurie Anderson y Patti Smith. No estuve en la lectura de Nueva York y no pude ir a la de Barcelona, por lo que me maldigo mil veces, porque, según cuentan las crónicas, ambas ocasiones fueron memorables. En fin, otra vez será.

Conexión Al Brown
Uno de los poemas que recita Lou Reed es el titulado All Brow, de Blai Bonet. Mallorquín de Santanyí, Bonet es uno de los poetas y novelistas más potentes que ha dado la literatura catalana moderna. Su poderío verbal, y su mundo más bien alucinante, que mezcla el misticismo cristiano con el homoerotismo y una visión de la vida como hecho violento más que impactante, lo convierten en uno de los autores más fascinantes que un servidor se ha echado a los ojos. Bonet tenía un punto visionario, y lo demuestra el hecho de que escribiera un libro entero titulado Nova York, sin haber puesto jamás un pie en esta ciudad y sin moverse de Cala Figuera, donde pasó los últimos años de su vida combatiendo la tuberculosis que le acompañó toda su vida y que al final le venció definitivamente, hace once años, mientras miraba un partido del Barça (le encantaba). En ese libro magnífico se incluye el poema All Brow, que no es más que la forma en que Bonet, que de inglés no iba muy sobrado, supuso que se escribía el nombre de Panamá Al Brown, otro mito: el negro panameño que salió de la miseria más absoluta para alcanzar la gloria al convertirse en el primer hispano que llegara a ser campeón del mundo de boxeo, cosa que logró en la categoría de peso Bantam. Después fue amante de Jean Cocteau, y un personaje querido y respetado en los exquisitos círculos intelectuales del París de los años treinta. Murió de tuberculosis, como le ocurriría años más tarde a Blai Bonet. En fin, Panamá Al Brown ha despertado la atracción y el interés de muchos artistas, entre los cuales se cuenta, por supuesto, Lou Reed, uno de cuyos mejores discos se titula, precisamente, New York. Con las lecturas de los versos de Bonet por parte del astro del rock se cierra un bonito círculo que va desde Mallorca hasta América pasando por París y Panamá, y se demuestra que la justicia poética, a veces, funciona. No me digan que no es reconfortante.