La voz suprema

HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG

Hace una semana Yma Sumac, la soprano inscrita en el Paseo de la Fama de Hollywood y descendiente del inca Atahualpa, murió en un asilo de Los Ángeles y con ello resucitó la inútil pero divertida pregunta de cuál ha sido la voz cantante más sorprendente de la historia. Ella tenía una voz inaudita: se mudaba de los rugidos más graves a los trinos de los pájaros sin recurrir al falsete, pasando del barítono al soprano sin trucos de estudio y alcanzando un registro de cinco octavas, un récord vocal que podría leerse como el Everest de la voz. Descendiendo de esa montaña, la pregunta de fondo es otra. ¿Qué nos seduce de una anónima voz por teléfono si no conocemos el cuerpo que la produce? ¿Qué es tan irresistible de Joaquín Sabina, cuya voz algún día será objeto de un congreso de otorrinolaringólogos? En su libro Una voz y nada más, el filósofo Mladen Dolar dice que, incluso cuando vemos hablar a una persona en vivo, hay una suerte de ventrilocuismo en juego, algo que dota a su voz de una autonomía espectral como si nunca terminara de pertenecer a su cuerpo. Casi nunca es sexy la chica del sexo por teléfono. 
 
Mladen Dólar explica que un cantante trae la voz al primer plano a expensas del significado y que el canto es una distracción de lo que las palabras quieren expresar. Una prueba irrefutable son las canciones de amor, a cuyas letras ordinarias algunos cantantes pueden dotar de hipnotismo y poesía. En Frank Sinatra está resfriado, Gay Talese apuntaba cómo la entonación del divo producía un significado más profundo en una letra sencilla. «Poco representa la verdad de lo que decimos –recuerda Pascal Quignard– frente a la persuasión que con empeño buscamos al hablar». El teatro de la intimidad y de la política exige más que una voz sincera o meliflua. En un pasaje de En busca del tiempo perdido, el yo narrativo de Marcel Proust usa el teléfono por primera vez para hablar con su abuela: «La voz de ella, oída sola, sin su cuerpo, lo sorprendió –dice Mladen Dólar–: es la voz de una anciana frágil, no la voz de la abuela que él recuerda». La voz es como una huella digital que se permite ironías. 
 
La de los buenos cantantes siempre nos trae efectos secundarios. «La voz es la forma más sutil de la carne y al mismo tiempo la más pérfida», sentencia Dólar. A principios de este año, Juan Diego Flórez, el tenor más famoso del mundo, canceló sus actuaciones en Estados Unidos por una inflamación en la garganta causada por una espina de pescado. Hallada en su laringe sin que comprometiera sus cuerdas vocales pero agravada por una gripe, su médico le recetó descanso. El caso de este tenor, compatriota de Yma Sumac, recuerda la gravedad de las pequeñeces en la vida de todos. Pero a la vez el drama de un hombre dependiente de la excepcionalidad de su voz.