Las puertas, el campo

LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE

Las alarmas suenan insistentes desde que, en EEUU, Google, los representantes de los autores y la industria editorial alcanzaran un acuerdo para digitalizar, distribuir y comercializar millones de libros descatalogados. ¡Ay, mamita, que viene el lobo!

Busca, Google, busca
A la espera del visto bueno judicial, se resuelven así las demandas por violación del copyright presentadas contra el buscador. Los 125 millones de dólares que Google pone sobre la mesa cubren las reclamaciones por los siete millones de libros ya digitalizados, y servirán además para crear un Registro de Libros, independiente, sin ánimo de lucro, adecuado a los tiempos. En su momento, el dinero obtenido por ventas, suscripciones y publicidad, se repartirá (63-37) entre los dueños de los derechos y la web, que sólo podrá disponer de aquellos títulos que todavía están a la venta si sus autores lo autorizan expresamente.

Europeos
Conscientes de las críticas que se les venían encima, portavoces googleros (¿o se dirá googlistas?) manifestaron su voluntad de trabajar con cualquier socio que pueda facilitar acceso on line a los libros… Precaución inútil. Este jueves, la European Bookseller Association, a la que pertenece la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), definió el pacto como un Caballo de Troya que coloca a Google en una posición dominante, el paso previo a un monopolio de facto. Su temor es que si esta política se extiende a la Unión, los grandes perjudicados serán, además de los vendedores de libros, los lectores y la diversidad cultural. Por cierto, que en esta lucha los libreros británicos, tan castigados por la cruel lógica del mercado, se colocan más cerca de sus colegas continentales que de sus primos yanquis.

¿Hay límites?
Entiendo la inquietud de los libreros, y con ellos temo por el futuro de esa riqueza principalísima del Viejo Continente que es la diversidad. Supongo además que los distribuidores también estarán temblando, porque son los principales damnificados de la revolución tecnológica que sacude el comercio del libro. Es cierto, además, que hay alto totalitario en la voluntad expresada por Google de indexar todo el conocimiento humano, aterra imaginar un futuro en el que tantas cosas dependan de un único filtro. A cambio, se abre ante nosotros la posibilidad de, con sólo tener una conexión a Internet –y sé que muchos aún no la tienen–, acceder a la gran biblioteca del mundo. Los peligros son evidentes y tan grandes como las oportunidades. Suena un poco kumbayá, pero nos toca demostrar que estamos a la altura del reto.